En el capítulo anterior partimos de una idea bastante sencilla: no hace falta operar opciones para que nos interese saber qué ocurre en ese mercado. Recordemos que este es el motivo principal de esta serie; no tanto operar opciones, como conocer como funciona este mercado y que información podemos extraer del mismo para nuestra propia operación. Esto es, por que allí se concentra información sobre expectativas, protección, niveles de precio y posicionamiento que puede ayudarnos a entender mejor lo que sucede en el activo que sí estamos siguiendo. Pero para aprovechar esa información tenemos primero que resolver una cuestión mucho más elemental: ¿qué carajos es exactamente una opción?
La palabra impone bastante más de lo que debería. En cuanto aparecen calls, puts, strikes y unas cuantas letras griegas, parece que hemos abandonado la inversión para matricularnos accidentalmente en Ingeniería Financiera o nuclear. Sin embargo, la idea que hay detrás de una opción es sorprendentemente cotidiana: pagamos hoy por conservar un derecho para el futuro. (Lo de derecho en negrita no es baladí).
Imaginemos que Bitcoin cotiza a 100.000 dólares, (ya se que es mucho imaginar, pero para el ejemplo los números redondos ayudan mucho), y alguien me ofrece lo siguiente: por 2.000 dólares puedo reservarme durante un mes el derecho a comprarle un Bitcoin a esos mismos 100.000 dólares, independientemente de lo que ocurra después con el mercado.
Si dos semanas más tarde Bitcoin cotiza a 120.000, aquel derecho resulta bastante atractivo. Puedo comprar por 100.000 algo que en el mercado vale 120.000. Si, por el contrario, Bitcoin cae hasta 80.000, no tendría ningún sentido utilizarlo: simplemente compraría Bitcoin a 80.000 en el mercado y dejaría caducar mi derecho. Habría perdido los 2.000 dólares que pagué por tener esa posibilidad, pero nadie podría obligarme a comprar a 100.000.
Eso, en esencia, es una opción. ¿Ves no parece tan difícil ni tan místico como algunos pretender que parezca?.
Lo importante es el derecho
Una opción es un contrato que concede a su comprador el derecho, pero no la obligación, de comprar o vender un activo a un precio determinado y dentro de un plazo determinado. Esa pequeña diferencia entre derecho y obligación explica casi todo lo demás.
Podemos compararlo con reservar una vivienda. Encuentras una casa por 300.000 euros y entregas 5.000 para que el propietario mantenga ese precio durante un mes mientras terminas de decidir o avanzar en la financiación. Durante esas semanas ocurre algo extraordinario: descubren que la casa está en una zona que va a revalorizarse muchísimo y ahora alguien estaría dispuesto a pagar 400.000 por ella. Tu derecho a comprar por 300.000 se ha vuelto muy valioso.
Pero también puede ocurrir lo contrario. Descubres humedades, el vecino toca la batería de madrugada y, para completar el cuadro, el ayuntamiento anuncia una planta de tratamiento de residuos enfrente o cualquier otra actividad que te sea molesta. Ya no quieres la casa. Pierdes lo que pagaste por reservarla y sigues con tu vida.
Lo interesante es que nunca compraste realmente la vivienda. Compraste la posibilidad de hacerlo bajo unas condiciones que quedaron fijadas de antemano.
Con las opciones ocurre lo mismo.
Call y put: comprar o vender
A partir de aquí aparecen dos términos que vamos a encontrar constantemente.
Una call concede el derecho a comprar un activo a un precio determinado. Una put concede el derecho a venderlo.
Volvamos a Bitcoin. Supongamos que cotiza a 100.000 dólares y compro una call que me permite comprarlo a 110.000 durante el próximo mes. A primera vista puede parecer absurdo pagar por el derecho a comprar algo más caro de lo que vale hoy. Y lo sería si el contrato acabara hoy. El detalle importante es precisamente que no acaba hoy.
Estoy pagando por mantener abierta una posibilidad.
Si durante ese mes Bitcoin sube hasta 140.000, tener derecho a comprarlo a 110.000 resulta bastante interesante. Si nunca supera ese nivel, la opción puede terminar sin utilidad y yo perderé el dinero que pagué por ella.
La put funciona con la lógica inversa. Si tengo Bitcoin a 100.000 y compro el derecho a venderlo a 90.000 durante los próximos tres meses, probablemente no utilizaré ese derecho si Bitcoin sube hasta 130.000. Sin embargo, si se desploma a 60.000, poder vender a 90.000 empieza a parecer una decisión bastante sensata.
Por eso me gusta pensar en las puts como una forma de seguro o una cobertura. Cuando aseguramos el coche no estamos apostando a que mañana vamos a empotrarlo contra un Seat Panda (Por la raja de tu falda…). Pagamos para limitar las consecuencias económicas si ocurre algo que preferiríamos evitar.
Este matiz será importante más adelante, porque al analizar opciones no podemos asumir que todas las puts representan una apuesta bajista o que todas las calls son una apuesta alcista. Un fondo puede comprar puts porque espera una caída, pero también puede hacerlo mientras mantiene una enorme posición alcista que simplemente quiere proteger. Los contratos son los mismos; la intención que hay detrás puede ser completamente distinta.
Pero vamos a un ejemplo aun más real que para mi hoy es muy práctico.
Un ejemplo real: quiero asegurar Bitcoin a 68.000 dólares
En el momento de la publicación de este artículo, 15 de septiembre de 2026, Bitcoin cotiza alrededor de 77.000 dólares, para cumplir mi objetivo que os he compartido en alguna ocasión de comprar 1 BTC completo antes de la fase de recover, quiero asegurarme el derecho a comprarlo a 68.000 dólares de cara a diciembre, para poder cumplir el objetivo. Lo que buscaría sería una call con strike 68.000 y vencimiento posterior a esa fecha.
Aquí aparece algo interesante: ese derecho ya vale dinero desde el primer minuto. Si Bitcoin cuesta 77.000 y yo tengo derecho a comprarlo por 68.000, existe una ventaja inmediata de unos 9.000 dólares por BTC. Por eso nadie me venderá esa opción por 500 dólares: su prima tendría que incorporar, como mínimo, aproximadamente esos 9.000 dólares de valor intrínseco, más el valor adicional de mantener el derecho durante los próximos meses, lo cual para comprar solo 1 BTC, no tendría mucho sentido a menos que…
Si en diciembre Bitcoin está en 95.000, mi derecho a comprar a 68.000 será muy valioso. Si cae a 60.000, simplemente no tendría sentido utilizarlo. Pero hay una pequeña trampa que conviene entender desde ya: haber fijado un strike de 68.000 no significa que Bitcoin me haya costado realmente 68.000, porque también tuve que pagar la prima de la opción.
Además, el 1 de diciembre no es hoy un vencimiento estándar disponible a varios meses vista en Deribit; sus opciones de BTC se van incorporando según vencimientos diarios, semanales, mensuales y trimestrales. Para una operación real tendríamos que elegir un vencimiento disponible que cubriera nuestra fecha objetivo.
Espero que con este ejemplo más tangible, aunque no demasiado “ejecutable” esto queda aun más claro.
El strike no es más que el precio pactado
El precio al que tenemos derecho a comprar o vender recibe el nombre de strike.
En nuestro primer ejemplo, el derecho era comprar Bitcoin a 100.000 dólares. Ese era el strike. Si la call nos permite comprar a 110.000, el strike es 110.000. Si una put nos permite vender a 90.000, hablamos de un strike de 90.000.
No parece especialmente emocionante explicado así, pero este concepto será esencial cuando empecemos a analizar el mercado.
Cuando veamos que existe una enorme concentración de contratos de Bitcoin en el strike de 100.000 dólares, ya no estaremos mirando simplemente otro número redondo en un gráfico. Sabremos que existe una gran cantidad de contratos cuyo valor y comportamiento están ligados a lo que ocurra alrededor de ese precio.
Eso no convierte automáticamente los 100.000 en una resistencia ni en un soporte. Todavía tendremos que entender muchas otras cosas antes de sacar conclusiones. Pero al menos empezamos a saber qué representa realmente esa concentración que aparece en nuestros gráficos de opciones.
El detalle que hace volar todo: las opciones caducan
Aquí encontramos una de las diferencias más importantes entre comprar un activo y comprar una opción. Si ya has trabajado futuros, estás acostumbrado en cierta manera, pero aquí hay algo mas de “chicha”.
Si compro Bitcoin y durante tres meses no hace absolutamente nada, puedo aburrirme soberanamente, como en la carrera de F1 de Madring, pero al final de esos tres meses sigo teniendo mi Bitcoin. La opción, en cambio, tiene fecha de vencimiento.
Puede expirar dentro de unas horas, el viernes, dentro de un mes o el próximo año. Cuando llega esa fecha, el contrato termina.
Eso introduce una variable que en el activo no existe de la misma forma: el tiempo.
Supongamos que compro una call porque creo que Bitcoin subirá desde 100.000 hasta 120.000. Mi análisis termina siendo impecable y Bitcoin acaba efectivamente en 120.000. El problema es que mi opción vencía una semana antes de que empezara la subida.
Acerté el movimiento y perdí dinero. No parece muy justo, pero el mercado nunca ha prometido ser justo.
Con una opción no importa únicamente qué va a hacer el precio. También importa cuándo lo hará. Y esta idea del tiempo terminará siendo fundamental para comprender tanto el valor de las opciones como el comportamiento de los grandes vencimientos que analizaremos más adelante.
Y por supuesto, ese derecho cuesta dinero
La cantidad que pagamos por adquirir la opción se llama prima. (No quiero chistes con lo que se arrima que os conozco)
En el ejemplo inicial pagábamos 2.000 dólares para conservar durante un mes el derecho a comprar Bitcoin a 100.000. Esos 2.000 dólares son la prima.
La siguiente pregunta surge casi sola: ¿por qué esa opción cuesta 2.000 y no 500, 5.000 o 20.000? Ahí empieza realmente la parte interesante.
Una opción no vale únicamente por la diferencia entre el precio actual de Bitcoin y su strike. También importa cuánto tiempo queda hasta el vencimiento y cuánto cree el mercado que puede moverse Bitcoin durante ese periodo.
La comparación que hicimos antes con la vivienda vuelve a servirnos. No vale lo mismo que alguien te mantenga fijo el precio de una casa durante dos horas que durante dos años. Cuanto más tiempo tengas para decidir, mayor es la posibilidad de que ocurra algo que vuelva valioso ese derecho. Del mismo modo, tampoco debería costar lo mismo reservar durante seis meses el precio de un activo prácticamente inmóvil que el de otro capaz de subir o bajar un 10% mientras estamos desayunando.
Precio, tiempo e incertidumbre empiezan así a mezclarse dentro del valor de una opción. Pero aun no necesitamos todavía calcular nada; basta con entender que esas tres fuerzas existen.
ITM, ATM y OTM, sin hacer un drama
Hay tres expresiones más que aparecerán constantemente y que conviene dejar resueltas.
Seguimos imaginando una call con strike en 100.000 dólares.
Si Bitcoin cotiza a 110.000, esa call está in the money (ITM), porque tenemos derecho a comprar por 100.000 algo que el mercado valora en 110.000.
Si Bitcoin está aproximadamente en 100.000, hablamos de at the money (ATM).
Y si Bitcoin está en 90.000, la call está out of the money (OTM), porque nadie necesita ejercer un derecho para pagar 100.000 por algo que puede comprar a 90.000.
En las puts la lógica se invierte, pero no merece la pena convertir estas siglas en una prueba de memoria. Después de verlas unas cuantas veces se entienden casi de forma automática casi con la misma normalidad que usamos otras siglas como ATH o FOMO.
Ahora ya podemos empezar a mirar de otra manera
Llegados hasta aquí no sabemos operar una sola estrategia con opciones, y eso está perfectamente bien. No era el objetivo… y lo sabes. 😉
Lo importante es que la próxima vez que veamos una pantalla llena de strikes y vencimientos ya no estaremos mirando una colección incomprensible de números.
Sabremos que detrás de cada contrato existe un derecho a comprar o vender, un precio previamente fijado, una cantidad pagada por conseguir ese derecho y una fecha a partir de la cual desaparece.
También sabemos que esos contratos cambian de valor cuando cambia el precio del activo, cuando pasa el tiempo y cuando cambia la percepción del mercado sobre cuánto puede moverse en el futuro.
Y aquí es donde esta serie de artículos empieza a conectar de verdad con nuestro objetivo inicial. Vamos despacio pero seguro.
Porque si queremos utilizar las opciones para obtener información sobre el mercado, necesitamos entender cómo reaccionan esos contratos cuando cambian esas variables.
Para eso existen las famosas griegas.
En el próximo capítulo no vamos a aprender fórmulas ni a jugar a ser actuarios de Goldman Sachs. Vamos a utilizarlas como lo que realmente necesitamos que sean: un idioma sencillo para responder cuatro preguntas.
¿Cuánto reacciona una opción cuando se mueve el precio? ¿Cómo cambia esa reacción? ¿Qué le ocurre a medida que pasa el tiempo? ¿Y cuánto importa que el mercado espere más o menos volatilidad?
Ahí aparecerán Delta, Gamma, Theta y Vega… y no, no son Pokemons, sino letras griegas.
Y, esta vez sí, empezaremos a entender por qué estas letras griegas que parecen describir opciones y como se comportan, terminan ayudándonos a interpretar movimientos en el mercado que nosotros sí operamos.
Trackback from your site.







