El 29 de julio de 2026 la Reserva Federal mantuvo la tasa en 3,50-3,75%. Horas después el bono a 30 años cerró en su nivel más alto desde julio de 2007. No fue un accidente. Fue el plan funcionando a la perfección o casi…
Y es que ayer, unas horas antes de la reunión de la FOMC, en el grupo de Telegram de los Cazadores del Profit, alguien decía que si tendríamos sorpresa con el dato. A lo que contesté que: ¿Cual sería la sorpresa?
Y es que en este caso, hay una frase que llevo repitiendo desde hace tiempo:
No tomar la decisión es dejar que el mercado la tome por ti.
El 29 de julio de 2026 Kevin Warsh la convirtió en política monetaria oficial. Y lo celebró.
Lo que realmente pasó (o cómo no hacer nada y salir airoso)
La Fed publicó su statement a las 15:00. La tasa se mantiene. Votos 9-3. Hammack, Kashkari y Logan querían subir 25 puntos básicos. Hacía casi diez años que tres miembros no votaban juntos por un alza y que esta no se diera. El texto del comunicado fue casi idéntico al de junio. Lo único que cambió fue el voto. Un clásico.
Al no hacer el tradicional LIVE que hacemos sobre este esperado evento, me dio tiempo y espacio a fijarme en más detalles. A mis 14:30 empezó la conferencia. Warsh no se justificó. No intentó suavizar nada. Dijo, con esa calma que solo da el poder de un puesto aun no desgastado por historia y errore:
“Rates are higher today than they were 42 days ago.”
Y lo presentó como un logro. Osea, que fue como “hemos subido las tasas y ustedes no se han dado cuenta”.
Desde la reunión de junio el 10 los bonos había pasado de ~4,4% a ~4,6%. Uno de los saltos más grandes entre dos reuniones en dos décadas. El crédito ya se había encarecido. La Fed no había movido un dedo. Brillante.
Esa es la doctrina Warsh en estado puro:
Eliminar el forward guidance (las pistas)… y no será que no nos avisó en su anterior rueda de prensa.
Dejar de ser el árbitro que el mercado intenta adivinar… también lo dijo.
Que el mercado mire la pelota y no al árbitro.
Su frase más reveladora:
“Markets are paying attention to the ball and not the referee.”
Traducción libre: “Yo me quito del medio. Ustedes se encargan. Después vemos.”
Lo que hizo el mercado (la parte donde el plan se complica)
La respuesta no fue uniforme. El tramo corto y el tramo largo se movieron en direcciones opuestas, como si el mercado estuviera jugando a dos bandas:
El 2 años bajó 4 puntos básicos. El mercado le creyó la calma y sacó del precio la subida de septiembre (pasó de ~76% a menos de 60% de probabilidad). Bien jugado, señor presidente.
El 30 años subió 10,5 puntos básicos y tocó 5,244%. Cerró en su nivel más alto desde julio de 2007.
Y aunque una separación de la curva pudiera tener una lectura positiva, ahí está el detalle que incomoda.
Cuando la Fed deja en otras manos el ajuste de tasas, el mercado no solo hace el trabajo sucio. También te pasa la factura. Y la factura del tramo largo no es pequeña. No está descontando la próxima reunión. Está descontando el riesgo de inflación a 30 años. Está poniendo precio a la duda… y a la paciencia.
Warsh mostró la subida de las tasas de mercado como “el plan funcionando”. Parte de esa subida sí era su plan. La otra parte era el mercado cobrándole el favor.
Tres escenarios de cara a septiembre (ninguno especialmente cómodo)
El propio Warsh dejó la puerta abierta, por si acaso:
“Where necessary and appropriate, we will not hesitate to act.”
Y dejó claro que el objetivo de inflación es (y por lo pronto será) 2% y punto pelota. Cinco años por encima del objetivo no se curan en nueve semanas ni con un mes de CPI más bajo. Qué detalle por su parte.
Los tres escenarios más probables:
La inflación core se estabiliza: Warsh repite el discurso: “el mercado ya ajustó por nosotros”. Todo el mundo aplaude. Hasta que no.
El petróleo (y la geopolítica) se traslada al core: subir deja de ser opción y pasa a ser obligación. Jackson Hole será el escenario donde se prepara el terreno.
El tramo corto sigue aflojando: llega a septiembre con menos ajuste del que celebró y la interna del FOMC se complica más que el 9-3 de julio. El plan empieza a parecer menos elegante. Si algunos opinaban que Argentina había recibido presiones en la final del mundial, no te quiero contar lo que puede pasar en esa reunión.
La lección más importante (para inversores, no para la Fed)
Lo que Warsh hizo el 29 de julio no es solo política monetaria. Es una metáfora brutal, y por cierto bastante cara, de cómo se toman (o no se toman) decisiones en los mercados.
Muchos inversores viven exactamente en esa lógica:
No cortan una pérdida porque “todavía no está clara”.
No venden un ganador porque “puede seguir subiendo”.
No rebalancean porque “el mercado ya lo está haciendo”.
No reducen exposición cuando el riesgo sube porque “la Fed ya lo tiene controlado”.
En todos esos casos la decisión se está tomando igual. Solo que la está tomando el mercado… y normalmente a un precio peor. Qué coincidencia.
La inacción no es neutral. Es una posición en sí misma. Y como toda posición, tiene un coste de oportunidad y un riesgo de cola. Warsh decidió conscientemente no decidir. El mercado le cobró parte de esa decisión el mismo día en el tramo largo. Eso es lo que pasa cuando externalizas el trabajo sucio: te lo hacen… y después te pasan la cuenta.
Ya nos vamos
La Fed de Warsh acaba de formalizar algo que los traders experimentados ya sabían desde hace tiempo:
El que no decide, también decide.
Solo que pierde el control del timing, del discurso y del precio. También algo que pone de relevancia, que aunque por repetido ya es aburrido, el mercado manda sobre la política (al menos al final, la realidad se impone)
El bono de 30 años, en máximos que no habíamos visto casi hace dos décadas no es sólo un dato acerca de lo bonos. Es el mercado recordándole a la Fed (y a todos nosotros) que tercerizar el ajuste tiene un precio. Y ese precio, casi siempre, se paga más caro que si lo hubieras hecho tú mismo.
Pero hey, al menos el plan funcionó.
Más o menos… durante un rato.
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