Últimamente veo hablar mucho de salud financiera. Influencers de inversión, de ahorro, de productividad y hasta perfiles que nunca habían mostrado demasiado interés por el tema han descubierto que ordenar las finanzas personales es importante. Entiendo la motivación. Es un contenido “Ever green” que incluso funciona cuando la economía no va bien.
Sea cual sea el motivo que los trajo, bienvenido sea.
Lo que me preocupa profundamente, es cuando reducimos algo tan complejo a cuatro porcentajes, tres reglas de ahorro y una plantilla de Excel, por supuesto hecha con IA que se usa más como gancho para conseguir suscriptores en redes, que por que sea práctico y útil. Porque llevo años trabajando en salud financiera y cuanto más lo hago, menos creo en las recetas prefabricadas.
No llegué aquí hace más de un lustro, por una moda ni porque ahora resulte atractivo hablar de bienestar financiero. Más de 300 alumnos han pasado por mis formaciones en Cultta, ya hemos tenido mas 226 personas en mentorías individuales y grupales especificas sobre bienestar financiero y cerca de 1.000 trabajadores y colaboradores de empresas en México por las formaciones que hemos desarrollado junto a MiWellnessFinanciero. También llevo tiempo llevando estas conversaciones a otros formatos, como La Cartera Rebelde (con más de 15k reproducciones entre youtube y las principales plataformas de podcast), y mezclándolas inevitablemente con mi trabajo en inversión, mercados y trading.
Y cuando digo inevitablemente lo hago con conocimiento de causa, porque al final, todo termina conectado.
Durante todos estos años he hablado con personas que ganaban poco y administraban extraordinariamente bien sus recursos y con otras que tenían ingresos que muchos considerarían privilegiados y aun así vivían bajo una enorme presión financiera. He visto gente obsesionada con conseguir un 2% más de rentabilidad mientras ignoraba agujeros mucho mayores en sus propias finanzas. También traders técnicamente buenos tomando malas decisiones no por falta de conocimiento, sino porque estaban operando con un dinero al que su cabeza ya había asignado otro destino.
Ahí es donde la salud financiera deja de ser una cuestión de matemáticas. Por que las matemáticas son universales, pero la relación que tenemos cada uno con el dinero no es la misma.
No todos vivimos la misma realidad
Decirle a alguien que debe ahorrar el 20% de sus ingresos queda estupendo en Instagram. El principal problema es que las personas no vivimos dentro de una plantilla.
No tiene la misma realidad financiera una persona de 25 años sin hijos que alguien que mantiene una familia. Ni quien cobra una nómina fija que quien vive de ingresos variables. Ni quien tiene una red familiar capaz de ayudarle ante una emergencia que quien sabe que, si las cosas se tuercen, está mas solo que la una. Ni que decirte de las enormes diferencias que existen si vives en un estado con garantías laborales y protección social a uno que no tenga esos sistemas.
Incluso dos personas con exactamente los mismos ingresos pueden necesitar estrategias completamente diferentes.
Por eso siempre he entendido la salud financiera de una manera mucho más amplia: ingresos y gastos, sí, pero también deuda, protección, ahorro, patrimonio, capacidad para soportar imprevistos, objetivos personales, entorno familiar y por supuesto, comportamiento.
Porque detrás de cada decisión financiera hay una persona y si algo he aprendido es que las personas somos bastante menos racionales de lo que nos gusta pensar, menos predecibles que lo que una plantilla dice y menos cuadriculados que el último excel fantástico que hiciste y nunca le diste seguimiento.
Por que tu Excel no toma las decisiones, pero tú sí.
Podemos diseñar un presupuesto perfecto un domingo por la tarde y destrozarlo el miércoles (si bien nos va llegamos hasta el viernes).
Podemos saber racionalmente que una compra no tiene sentido y encontrar cinco argumentos impecables para justificarla.
Podemos prometer que invertiremos a largo plazo para descubrir que cuando nuestra cartera cae un 25%, nuestro supuesto perfil de riesgo era bastante más valiente cuando todo subía.
Ahí entran nuestra psicología, nuestros sesgos y esos dos sistemas de pensamiento que funcionan permanentemente dentro de nosotros: uno rápido, automático y emocional; otro más lento, reflexivo y racional.
El segundo sistema es capaz de diseñar un gran plan financiero, pero el primero sigue teniendo acceso a la tarjeta de crédito. Esto que pudiera parecer una anécdota, es la parte central de cualquier estrategia seria de salud financiera.
Por eso me cuesta cada vez más separar las finanzas personales de la psicología, del entorno y de la propia historia de cada persona. Nuestra relación con el dinero se construye también con lo que vimos en casa, el entorno en el que crecimos, nuestras experiencias, nuestros miedos, nuestras ambiciones y hasta con lo que significa para nosotros sentir que “nos va bien” o sobre lo que es “importante para mi”.
¿Y cual es para mí, la verdadera salud financiera?
No consiste en gastar poco y ahorrar en el café que nos gusta o la suscripción que usamos; ni en ganar mucho, ni mucho menos en invertir bien.
Consiste en construir una estructura que nos permita tomar decisiones sin que el dinero tenga permanentemente una pistola encima de la mesa.
Poder afrontar un imprevisto sin convertirlo automáticamente en deuda. Poder invertir sin necesitar que el mercado nos dé la razón el próximo mes. Poder cambiar de trabajo, emprender, ayudar a alguien o simplemente dormir mejor porque existe cierto margen de seguridad. Y ese margen será diferente para cada persona.
Esta es probablemente la razón por la que llevo tantos años interesado en este tema y por la que seguirá apareciendo por aquí. Algunos de estos artículos no son precisamente los que más suscriptores traen. Incluso más de una vez me han recomendado no publicarlos porque, supuestamente, “se alejan del foco” de este Substack, pero considero que de no hacerlo, dejo una “pata” muy importante de lo que creo que mis lectores necesitan.
Lo entiendo desde el punto de vista editorial. Si alguien llega aquí buscando mercados, macro, inversión o trading, hablar de salud financiera puede parecer una desviación, pero yo lo veo justo al revés.
Sería extraño dedicar tantas horas a analizar cómo se mueve el dinero en los mercados y no hablar también de cómo ese mismo dinero condiciona nuestras decisiones cuando vuelve a casa.
Porque inversión, patrimonio, ahorro, deuda, protección, comportamiento o planificación no son compartimentos estancos. Forman parte de una misma realidad financiera. Y dejar fuera esa parte más personal quizá haría este contenido más fácil de clasificar, pero también bastante menos útil.
Así que seguirán apareciendo por aquí estas conversaciones, igual que seguirán apareciendo la liquidez, Bitcoin, la macro, las carteras o los mercados. No para sustituir unas por otras, sino porque todas ayudan a responder una pregunta que, al final, es bastante más importante que acertar el próximo movimiento del mercado:
¿estamos utilizando el dinero para ampliar nuestras opciones o estamos construyendo una vida cada vez más condicionada por él?
Después de años trabajando con personas, inversores, alumnos y trabajadores de realidades muy distintas, esa pregunta me interesa cada vez más.
Y creo que merece que hablemos de ella.
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