“Cuanto más trabaje tu dinero, menos tendrás que trabajar tú”

T. H. Eker

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Market Tracker y Análisis de liquidez | 25 de septiembre – Semana 39 – 2026

Los futuros de renta variable estadounidense abren al alza este viernes, con el ánimo apoyado por dos factores que últimamente vemos poco: el petróleo cediendo terreno y la diplomacia dando señales de vida. Es un cierre de semana que, al menos sobre el papel, parece mejor que los días previos.

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La sesión del jueves dejó los bonos del Tesoro en zona de máximos de tensión, con el yield a 10 años tocando 5.22% antes de retroceder ligeramente. La presión vendedora en renta fija aceleró en la tarde americana y ese recuerdo no se borra de un día para otro: el mercado ha llegado al fin de semana con los nervios todavía activos en el tramo largo de la curva. Por el lado geopolítico, los reportes sobre un posible acuerdo por fases entre EEUU e Irán que reabriría el Estrecho de Ormuz cambiaron el tono de la sesión europea de golpe.

La agenda de los próximos días tiene peso propio. El lunes se publican los detalles de las negociaciones comerciales entre EEUU y China, según confirmó el representante comercial Greer en CNBC, y el mercado esperará ver hasta dónde llegan los acuerdos alcanzados sobre “un subconjunto de bienes”. Esta semana ya se conoció el PMI global de S&P, que mostró una economía estadounidense acelerando; hoy llegan los pedidos de bienes duraderos de agosto, que salieron planos contra el -0.4% esperado, con el dato core funcionando como respaldo adicional a la narrativa hawkish que sigue construyendo el mercado.

En renta variable, el Nasdaq 100 terminó el miércoles cerca de 30.479 tras haber tocado 30.204 intradía y recuperado, pero encontró resistencia al acercarse a 30.500-30.530, zona donde el delta de la última hora registró ventas netas por unos 30 millones de dólares. Costco es el caso del día: resultados del cuarto trimestre fiscal con BPA de 6.75 dólares contra 6.54 esperado y ventas de 95.720 millones frente a 94.970 millones estimados, y el título cae de todas formas. No es un misterio, es lo habitual cuando el mercado ya lo tenía puesto en precio.

Los mercados europeos cerraron la sesión con relativa calma a pesar del entorno de rendimiento de los bonos elevados, con el alivio en el crudo actuando como colchón para las expectativas de inflación a corto plazo. Sin datos concretos de índices europeos en el contexto de hoy, el tono general fue de digestión más que de dirección clara.

En Asia la sesión respondió al movimiento del yen, que fue el protagonista absoluto de la madrugada. El USD/JPY rompió por debajo de 158.00 y cotizaba en torno a 157.61, después de que la ministra de Finanzas Katayama recordara que los principios que guiaron la intervención de julio siguen vigentes y de que la primera ministra Takaichi revelara que Trump le había planteado directamente su preocupación por la debilidad del yen. El cruce cedió además por debajo de su media de 200 horas y del 50% de retroceso en 158.45, niveles que ahora funcionan como resistencia.

El crudo WTI cae un 2.4% hasta 92.36 dólares, empujado por los reportes del posible acuerdo EEUU-Irán que reabriría el Estrecho de Ormuz de forma gradual, aunque el tráfico de buques por el Estrecho en las últimas 24 horas se mantiene en cruces de un solo dígito: el optimismo es real pero el petróleo físico todavía no lo confirma. El oro resistió sin derrumbarse gracias exactamente a ese mismo titular, que rebajó la prima de riesgo extremo sin eliminar la incertidumbre de fondo.

Lo que importa vigilar hoy no es la agenda sino el tono: si el yield a 10 años, que llegó a 5.22% ayer y cedía a 5.17% esta mañana, aguanta por debajo de ese máximo al cierre semanal, el mercado tendrá una razón técnica para respirar. Si lo supera, el fin de semana llega con una pregunta abierta de la que nadie querrá alejarse demasiado.

Con el SPI en Expansión Tardía a 137.4 grados, un yield a 10 años en 5.11% y la curva apenas positiva en 31 puntos básicos, el ciclo favorece financieras, industriales y materiales básicos, en ese orden, aunque en un entorno donde los bonos mandan más que los sectores, la selección importa casi tanto como la fase.

Análisis de liquidez

Vamos por el titular: Esta semana confirma que el alivio de principios de septiembre fue temporal: el TGA vuelve cerca de US$1T y las reservas caen otra vez por debajo de US$2.95T. La diferencia importante respecto a agosto es que, por ahora, el mercado repo continúa funcionando con absoluta normalidad.

SOFR está en 3.87% para las operaciones del 23 de septiembre. Aquí no debemos comparar directamente con el 3.62% de la semana anterior porque la Fed cambió el régimen de tipos: el ON RRP está ahora en 3.75%. Lo relevante es el spread, que queda en 12 pb. Es decir, pese al fuerte drenaje de reservas, el precio del funding no está mostrando tensión.

El movimiento realmente importante vuelve a estar en las brasas de la hoguera. WRESBAL cae desde US$3.014T hasta US$2.930T, una pérdida semanal de US$83.6B. Volvemos así por debajo de nuestro umbral de US$2.95T, aunque todavía estamos por encima del nivel de US$2.895T que encendió nuestra señal roja a principios de septiembre.

La explicación vuelve a estar bastante clara en el TGA: el promedio semanal salta de US$877.0B a US$977.1B, nada menos que US$100.1B adicionales absorbidos por Treasury. Es prácticamente el movimiento inverso de las reservas. El dato diario empieza, sin embargo, a ofrecer una pequeña pista favorable: tras superar US$1T, el TGA cayó hasta US$957.4B el martes y US$947.3B el miércoles 23. Treasury empieza a devolver parte del dinero recaudado durante el tax day.

Esto es importante para la próxima lectura: el promedio semanal todavía nos enseña el enorme drenaje fiscal, pero el dato marginal ya ha cambiado de dirección. Si el TGA continúa bajando desde US$947B durante los próximos días, deberíamos ver recuperación de reservas.

El viejo colchón del ON RRP sigue muerto. El 24 de septiembre había apenas US$630M, frente a US$461M el día anterior. Que suba US$200M o US$300M carece prácticamente de importancia cuando nuestro umbral estructural es US$100B. Treasury sigue teniendo que competir esencialmente contra reservas bancarias y cash privado para financiarse.

Y aquí aparece la señal tranquilizadora de la semana: el SRF/repo está completamente dormido. El 24 de septiembre se utilizaron apenas US$1M; el 23, US$1M; y el 22, US$2M. Es literalmente ruido frente al tamaño del sistema. Por tanto, tenemos menos reservas, pero no escasez efectiva de financiación.

T-Bills: mucha oferta y una novedad que debemos empezar a seguir

La emisión continúa siendo enorme. Esta semana Treasury ha mantenido las subastas habituales de 13 y 26 semanas, US$75B en el tramo de seis semanas, US$72B de 17 semanas, y anunció US$90B de cuatro semanas y US$85B de ocho semanas. Sólo esos tres últimos bloques suman US$247B de oferta. Además, la próxima semana vuelve el 52W al calendario.

Pero aparece algo nuevo que ya merece formar parte de nuestra lectura: la Fed ha empezado a comprar T-Bills para gestionar el nivel de reservas. El H.4.1 muestra que sus tenencias medias de bills aumentaron de US$550.2B a US$553.8B, unos US$3.6B esta semana. Y el Desk tenía programada otra compra de bills el 24 de septiembre. No es un QE en el sentido clásico; son compras de gestión de reservas. Pero mecánicamente sí añaden reservas al sistema.

Por ahora, US$3.6B de compras frente a US$100B de subida del TGA es una cerilla frente a una carretilla de leña. Pero la dirección importa: la Fed ya está actuando como contrapeso parcial al drenaje fiscal.

Riesgo de liquidez: 🟠 MEDIO-ALTO

Con los indicadores que tenemos, mantendría exactamente el nivel de la semana pasada.

Tenemos una combinación objetivamente incómoda:

WRESBAL US$2.930T + TGA US$977B + ON RRP prácticamente cero.

Eso justificaría una lectura bastante negativa si la mirásemos aisladamente.

Pero faltan las dos confirmaciones que realmente convertirían fragilidad en estrés: SOFR–RRP sigue en sólo 12 pb y el SRF está prácticamente en cero. De hecho, el presidente de la Federal Reserve Bank of New York, John Williams, afirmó esta semana que las herramientas de control de tipos están funcionando correctamente y que el sistema de reservas amplias continúa sosteniendo el funcionamiento ordenado de los mercados.

Por eso no regresaría todavía al nivel alto de riesgo de liquidez.

Implicaciones para mercado

Para bolsa y Bitcoin, nos sigue mostrando la liquidez estructural débil pero no de estrés financiero. Los casi US$84B de reservas perdidos esta semana son un viento de cara, pero probablemente reflejan en gran medida el efecto temporal de la recaudación fiscal. Que el TGA ya haya empezado a bajar desde más de US$1T hacia US$947B es la primera señal de que parte de ese drenaje puede revertirse durante los próximos días.

Hay además una diferencia importante respecto a agosto: ahora tenemos a la Fed comprando bills mientras Treasury empieza a gastar parte del TGA.

Si ambas fuerzas coinciden (TGA ↓ + compras Fed ↑) podemos tener una recuperación relativamente rápida de reservas durante las próximas semanas.

El escenario que nos devolvería al riesgo alto sería distinto:

TGA permaneciendo cerca de US$1T + reservas perforando nuevamente US$2.90T + SOFR–RRP >20 pb + aparición de miles de millones en SRF.

Hoy sólo tenemos la primera mitad de esa ecuación.

Lectura para los Cazadores del Profit: Treasury volvió a llevarse una carretilla de brasas esta semana: +US$100B en TGA y −US$84B en reservas. Pero hay dos diferencias importantes respecto al susto de agosto: el TGA ya ha empezado a vaciarse y la Fed ha comenzado a echar pequeñas cantidades de madera mediante compras de bills. La hoguera está más débil, sí; pero el coste de conseguir combustible sigue completamente normal. Mientras SOFR y SRF digan eso, hablamos de fragilidad de liquidez, no todavía de estrés de liquidez.

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Las griegas: entender una opción sin tener que aprender un idioma nuevo.

En el capítulo anterior conseguimos algo que, viendo cómo suelen explicarse las opciones, ya tiene cierto mérito: entender qué es una opción sin necesidad de abrir Excel, recordar derivadas y sobre todo arrepentirnos de haber empezado esta serie. Se que es un tema que parece complejo, pero ya te digo que si me dejas un comentario que nos anime a seguir empujando este tema se agradece. Vamos al lío…

Sabemos que con una opción, compramos un derecho. Sabemos que ese derecho tiene un precio, un strike y una fecha de vencimiento (Si no lo sabes vuelve al capítulo anterior). También vimos que no vale lo mismo tener seis meses por delante que seis horas, ni comprar una opción sobre un activo que apenas se mueve que hacerlo sobre Bitcoin, que puede convertir un desayuno tranquilo en una reunión de emergencia antes de terminar el café.

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Nos falta ahora responder una pregunta bastante lógica.

¿Por qué cambia exactamente el precio de una opción?

Porque cambia el precio del activo, evidentemente. Pero no solo por eso.

También cambia porque pasa el tiempo. Porque aumenta o disminuye la volatilidad que espera el mercado. Y, para complicarnos ligeramente la existencia, porque la sensibilidad de la propia opción al precio tampoco permanece constante.

Para medir todas esas cosas existen las famosas griegas.

Delta, Gamma, Theta y Vega.

Los nombres hacen pensar que estamos a punto de entrar en una clase de matemáticas financieras, pero en realidad cada una responde a una pregunta bastante cotidiana. Si alguna vez has conducido un coche, comprado un seguro o reservado unas vacaciones, tenemos material suficiente para entenderlas, así que siéntate tranquilo, no cierres el ordenador y abre la mente.

No necesitamos aprender a calcularlas. Lo que nos interesa es saber qué nos están contando, porque más adelante veremos que esas pequeñas letras ayudan a explicar por qué el mercado de opciones puede acabar provocando compras y ventas en el mercado que nosotros sí operamos. Vamos a explicar el ejemplo sobre Bitcoin, pero esto sería aplicable a casi la totalidad de activos.

Empecemos por la más sencilla.

Delta: ¿cuánto nota mi opción que Bitcoin se está moviendo?

Imaginemos otra vez que Bitcoin cotiza a 100.000 dólares y tenemos una call. Bitcoin sube 1.000 dólares y nuestra opción aumenta aproximadamente 500. Para simplificar, podemos decir que tiene un Delta de 0,50.

Eso es Delta: una medida de cuánto cambia el valor de la opción cuando cambia el precio del activo.

Hasta aquí no parece demasiado especial, pero pensemos en algo que conocemos mejor. Cuando pisamos el acelerador de un coche podemos ir a 20, 50 o 100 kilómetros por hora. Seguimos conduciendo el mismo coche, pero nuestra velocidad determina cuánto terreno recorremos ante el paso del tiempo.

Delta cumple una función parecida: nos dice a qué velocidad está reaccionando la opción al movimiento de Bitcoin.

Una call muy alejada de su strike puede tener un Delta pequeño. Bitcoin sube 1.000 dólares y la opción apenas se inmuta porque todavía queda mucho camino para que ese derecho tenga verdadero valor.

Pero supongamos que Bitcoin continúa subiendo y empieza a acercarse al strike. Aquella opción que antes reaccionaba poco comienza a reaccionar cada vez más. Su Delta podría pasar de 0,10 a 0,25, después a 0,40 y finalmente acercarse a 0,50 cuando estamos alrededor del precio de ejercicio.

Si Bitcoin sigue subiendo y la call queda profundamente dentro del dinero, su Delta puede acercarse a 1. En ese punto la opción empieza a comportarse cada vez más como el propio Bitcoin.

La idea importante no es memorizar los números. Es entender que no todas las opciones sienten de la misma manera un movimiento del precio, y esto es algo algo que nos va a importar mucho más adelante.

Si un market maker ha vendido esa opción y quiere evitar quedar expuesto a la dirección de Bitcoin, necesita saber cuánto riesgo está asumiendo. Delta le ayuda precisamente a medirlo. Todavía no entraremos en cómo se cubre. Dejemos que el pobre dealer disfrute unos párrafos más de tranquilidad.

Porque antes tenemos un pequeño problema: Delta tampoco se queda quieto.

Gamma: el acelerador también cambia

Volvamos al coche. Imagina que vas a 40 kilómetros por hora y pisas el acelerador. Pasas a 50, después a 65 y finalmente a 80. La velocidad está cambiando.

Recuerda, Delta era nuestra velocidad.

Entonces necesitamos otra medida que nos diga a qué ritmo está cambiando esa velocidad.

Eso es Gamma.

En física hablaríamos de aceleración. En opciones también nos sirve perfectamente la comparación.

Supongamos que nuestra call tiene un Delta de 0,30. Bitcoin empieza a subir hacia el strike y ese Delta pasa a 0,35. Después a 0,42. Finalmente llega a 0,50.

Bitcoin no solo está haciendo subir el valor de la opción. Está haciendo que cada nuevo movimiento del precio afecte de forma distinta al siguiente.

Eso es lo que mide Gamma. Y aquí empieza a ponerse interesante nuestra historia.

Recordemos al market maker que dejamos descansando un momento. Si ayer la opción tenía Delta 0,20, su cobertura podía ser una. Pero si Bitcoin se mueve y el Delta pasa rápidamente a 0,50, ahora su exposición es diferente.

Tiene que reajustarla, comprando o vendiendo Bitcoin o futuros.

Por eso Gamma será tan importante más adelante. No porque Gamma sea una especie de energía misteriosa que empuje el mercado. Gamma no compra Bitcoin, no vende futuros y, hasta donde sabemos, tampoco tiene una cuenta de explicándonos que “se viene movimiento”.

Lo que hace es cambiar la sensibilidad de las opciones y, con ello, las necesidades de cobertura de quienes están al otro lado, y ahora ya podemos entender por qué usamos aquella comparación sencilla:

Delta es la velocidad y Gamma es la aceleración.

Pero conviene no memorizarla como una frase bonita. Lo importante es visualizar el proceso: el precio se mueve, cambia Delta; si Delta cambia deprisa, las coberturas también pueden necesitar cambiar deprisa.

Más adelante veremos por qué eso puede frenar un movimiento o, en determinadas circunstancias, echarle gasolina.

Theta: puedes acertar y aun así llegar tarde

Las dos primeras griegas estaban relacionadas con el precio. Ahora aparece una que tiene poco que ver con si Bitcoin sube o baja y mucho con un enemigo al que ninguno hemos conseguido ganar todavía: el tiempo.

Imaginemos que compras una entrada para un concierto dentro de seis meses. Durante los próximos meses tienes margen para organizar el viaje, venderlo, cambiar planes o convencer a tu pareja de que aquello realmente era una inversión cultural imprescindible.

Ahora imagina que el concierto empieza dentro de veinte minutos y todavía estás a cien kilómetros del recinto. La misma entrada ya no tiene para ti exactamente el mismo valor.

Con las opciones ocurre algo parecido porque, como vimos en el capítulo anterior, tienen fecha de caducidad.

Una call de Bitcoin con strike 110.000 y seis meses por delante tiene tiempo para que Bitcoin llegue hasta allí. Puede pasar de todo, y ya sabemos que tratándose de Bitcoin, cuando decimos de todo no solemos estar exagerando.

Pero tomemos esa misma call cuando quedan seis horas para el vencimiento y Bitcoin sigue en 100.000… entonces el reloj empieza a tener bastante mala leche.

La posibilidad de que Bitcoin recorra esos 10.000 dólares antes de que expire el contrato es mucho menor y, por tanto, una parte importante del valor temporal de la opción habrá desaparecido.

Theta mide precisamente ese deterioro producido por el paso del tiempo.

Y esto explica una de las características más incómodas de comprar opciones: podemos tener razón y perder dinero.

Imagina que el lunes decimos que Bitcoin subirá de 100.000 a 120.000. Compramos una opción que vence el viernes. Bitcoin pasa toda la semana dormido, nuestra opción expira y el lunes siguiente se dispara exactamente hasta 120.000.

Nuestro análisis era correcto, pero nuestra operación es un desastre. Es como llegar al aeropuerto con el billete correcto para el vuelo correcto… veinticuatro horas después.

Con un activo podemos permitirnos esperar, dentro de ciertos límites. Con una opción el tiempo forma parte de la posición desde el primer minuto.

Esta idea tendrá mucha importancia cuando lleguemos a los grandes vencimientos, porque a medida que se acerca la fecha de expiración no solo desaparece valor temporal: también cambia la sensibilidad de muchas opciones y pueden cambiar las coberturas asociadas a ellas.

Pero aún nos falta una última fuerza.

Vega: la casa no se quema, pero el seguro acaba de ponerse carísimo

Supongamos que Bitcoin cotiza hoy a 100.000 dólares y mañana también cotiza a 100.000. Podríamos pensar que una opción debería valer prácticamente lo mismo porque el activo no se ha movido, pero esto no es siempre así.

Vamos a imaginar que mañana se publica un dato económico muy importante, o hay una decisión de la Reserva Federal o tal un tribunal debe pronunciarse sobre aranceles… Bitcoin sigue exactamente en 100.000, pero ahora existe mucha más incertidumbre sobre dónde podría estar mañana.

Las opciones pueden encarecerse simplemente porque el mercado espera más movimiento.

Ya sabes que amo las analogías para explicar las cosas más complejas. Aquí te voy a poner una analogía con los seguros por que funciona especialmente bien aquí.

Tienes una casa junto a un río y pagas todos los años un seguro contra inundaciones. Durante meses no llueve y el riesgo parece reducido.

De repente y gracias al fenómeno de “La Niña” empiezan a aparece frecuentes huracanes, algunos acercándose a la zona.

La casa no se ha movido, el río no se ha desbordado y no ha entrado todavía en tu salón; pero intenta contratar el mismo seguro al mismo precio.

La diferencia no está en el valor de la casa. Está en que ha cambiado la percepción del riesgo.

En las opciones ocurre algo parecido con la volatilidad implícita.

Cuando el mercado cree, y aquí hay mucha tela que cortar, que un activo puede moverse mucho, las opciones suelen encarecerse. Cuando espera tranquilidad, suelen abaratarse.

Vega mide cuánto afecta a nuestra opción ese cambio en la volatilidad implícita.

Y aquí aparece otra situación que al principio desconcierta bastante.

Imagina que el mercado espera un acontecimiento enorme y las opciones están carísimas porque todo el mundo espera volatilidad. Llega el acontecimiento, Bitcoin sube, acertamos la dirección… pero nuestra opción apenas gana dinero.

¿Cómo demonios puede ocurrir eso?

Porque quizá pagamos una barbaridad por la incertidumbre antes del evento. Una vez conocida la noticia, desaparece buena parte de esa incertidumbre, cae la volatilidad implícita y con ella parte del valor de la opción.

Es lo que suele denominarse volatility crush, y no, no necesitamos operarlo para que nos interese entenderlo.

Al contrario.

Para nuestro objetivo, lo mas interesante está precisamente en que la volatilidad implícita nos permite observar algo que el gráfico de precio no puede mostrar directamente: cuánto está dispuesto a pagar el mercado por la posibilidad de un movimiento futuro.

Bitcoin puede estar quieto y, sin embargo, debajo de esa aparente calma puede estar aumentando considerablemente el precio de la incertidumbre.

Eso es información… y era precisamente lo que veníamos buscando desde el capítulo 0, no tanto operar las opciones sino extraer toda la información posible de este mercado.

Cuatro formas de mirar la misma opción

Ahora podemos volver a aquella call de Bitcoin y verla de una manera muy distinta a como la veíamos en el capítulo anterior.

  • Bitcoin empieza a subir y queremos saber cuánto debería reaccionar nuestra opción. Miramos Delta.

  • Pero a medida que se acerca al strike vemos que esa reacción también está cambiando. Ahí aparece Gamma.

  • Mientras todo esto ocurre, el vencimiento se acerca y el reloj va erosionando parte de su valor. Eso es Theta.

  • Y si de repente el mercado empieza a esperar movimientos mucho mayores, aunque Bitcoin todavía esté quieto, la opción puede encarecerse por la volatilidad implícita. Eso nos lo explica Vega.

Cuatro nombres bastante intimidantes para cuatro preguntas que, una vez traducidas, son bastante razonables:

Podríamos seguir con Rho, Vanna, Charm y unas cuantas primas hermanas hasta conseguir que esta serie perdiera al último lector superviviente.

Ya llegará el momento de introducir alguna más si realmente nos aporta información.

Ahora no hace falta, porque con estas cuatro acabamos de conseguir algo mucho más importante que aprender cuatro definiciones.

Ya podemos empezar a mirar detrás de la opción

Hasta ahora hemos hablado siempre de cómo cambia el contrato.

Pero recordemos el propósito de esta serie: nosotros no estamos estudiando opciones porque queramos necesariamente comprarlas. Por el momento nosotros queremos utilizarlas para comprender mejor el mercado.

Y para dar ese salto necesitamos volver al market maker que dejamos antes esperando pacientemente y es que:

  • Cuando Delta cambia, cambia su exposición.

  • Cuando Gamma hace que Delta cambie rápidamente, quizá tenga que ajustar esa exposición con rapidez.

  • Cuando se acerca el vencimiento, toda aquella estructura va modificándose.

  • Y cuando cambia la volatilidad implícita, también cambia el precio del riesgo que está gestionando.

El siguiente paso, por tanto, ya no consiste en estudiar otra griega, sino que consiste en preguntarnos algo bastante más interesante:

¿Qué hace la persona que está al otro lado de nuestra opción con todo ese riesgo?

Porque si para cubrirse tiene que comprar o vender Bitcoin o futuros, las opciones dejan de ser simplemente contratos que viven en un mercado paralelo.

Empiezan a generar flujo en el nuestro y eso lo notamos aunque no operemos opcinoes.

En el próximo capítulo os voy a presentar al dealer y veremos cómo funciona esa cobertura, y ahí por fin, empezaremos a conectar todas estas letras griegas con algunas de las cosas extrañas que vemos ocurrir en el precio.

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Market Tracker | 23 de septiembre 2026

Los futuros de Wall Street arrancan este miércoles con tono defensivo: el S&P 500 cede terreno moderado después de que el rally de IA desafiara durante semanas los rendimientos al 5% de los bonos, una fiesta que empieza a tener resaca y aun no sabemos quien va a limpiar ni a pagar al DJ. El mercado abre con la mirada puesta en Irán, en el crudo y en si los bonos siguen donde están o deciden empeorar aún más el argumento alcista.

La sesión europea de ayer dejó un cuadro claro: el Brent reconquistó los 100 dólares mientras el dólar subía, los yields escalaban y las bolsas cedían terreno. Trump enfrió las expectativas de una resolución rápida del conflicto con Irán, lo que mantuvo la presión compradora en el crudo y golpeó el apetito de riesgo en la tarde.

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En el horizonte de los próximos días, la cita que manda es la publicación de datos clave de EEUU que los titulares ya anticipan como catalizador, con el mercado pendiente de si la inflación justifica que la Fed se quede quieta con los Fed Funds en el 4% mientras el 10Y roza el 4.96%. El BCE también ocupa agenda: los PMIs europeos de hoy muestran que las presiones de precios no ceden, lo que mantiene viva la conversación sobre una muy posible subida en octubre.

En EEUU el argumento más incómodo sigue siendo la aritmética: el S&P sosteniendo niveles con un Treasury a 10 años casi en el 5% no nos da un paradigma para decir que es equilibrio estable y lo que si nos muestra es tensión acumulada que aun me sorprende no escape por ningún lado. El título del día lo resume bien: el rally de IA desafía los rendimientos al 5%, pero el mercado podría estar más cerca del límite de lo que parece.

Europa abrió en positivo esta mañana cuando el crudo aflojaba y el sentimiento mejoraba, pero la lectura de los PMIs complicó el relato: el compuesto de la eurozona sorprendió al alza gracias a servicios, aunque las presiones de precios persisten, el PMI manufacturero alemán de septiembre llegó a 53.8 frente al 54.0 esperado, y Francia volvió a expansión. El EUR/USD se acerca al soporte clave de 1.1400 con los inversores calibrando si el BCE tiene excusa suficiente para subir en octubre o prefiere esperar.

Asia no trajo grandes novedades para hoy. Los movimientos de la región reflejaron el mismo ruido geopolítico de fondo sin datos locales que rompieran la tendencia, con el ánimo inversor contenido por el avance del dólar y la subida de yields globales, como esperando la apertura de Europa para saber que dirección tomar.

El Brent retomó los 100 dólares en la sesión europea antes de estabilizarse, impulsado por las declaraciones de Trump que descartaron una resolución temprana del conflicto con Irán, aunque el rebote se frena esta mañana según los titulares más recientes apuntan a que la venta masiva anterior hace pausa. El oro retrocede hacia el soporte de los 4.300 dólares mientras los operadores esperan los datos americanos y novedades en las negociaciones con Irán; ambos activos miden exactamente lo mismo: cuánto miedo hay aun en el mercado.

Lo que importa vigilar hoy no es qué dato sale, sino si el mercado tiene margen para absorberlo sin que los yields lo conviertan en excusa para otra pierna bajista en renta variable. Con el 10Y en 4.96% y el crudo en 100 dólares, el coste de equivocarse en la dirección es claramente asimétrico.

Expansión tardía a 138.3 grados: el ciclo sigue favoreciendo a financieras, industriales y materiales, exactamente los sectores que mejor digieren inflación que no baja y tipos que no caen.

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PepsiCo – Tesis de inversión

Un dividendo en máximos, Norteamérica renqueando, una máquina de caja todavía muy seria y un mercado que ya no está dispuesto a pagar por la promesa. Ésta es la tesis que pongo sobre la mesa para que los Cazadores del Profit decidáis si estamos ante una oportunidad… o ante una trampa de valor con muy buen marketing.

Hay empresas que uno analiza porque parecen baratas o grandes oportunidades para el futuro. Y luego están las empresas como PepsiCo, que obligan a hacerse una pregunta algo más incómoda: ¿por qué leches está barata una compañía que durante años casi nunca lo estuvo?

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PEP cotiza alrededor de los 130 dólares, con un PER forward cercano a 15 veces, un dividendo que ronda el 4,5% y una valoración bastante por debajo de la que el mercado le había concedido durante casi toda la última década. Si miramos únicamente el historial, parece una ganga. Si miramos algunos fundamentales recientes, ya no es tan sencillo.

Y eso es exactamente lo que me interesa.

No quiero decidir si PepsiCo “es buena empresa”. Eso lo sabemos. Quiero saber si el deterioro que está descontando el mercado es temporal y reparable, o si estamos viendo el principio de una etapa en la que PEP seguirá siendo una compañía magnífica… pero ya no merecerá cotizar como un “compounder premium” que todos deben tener en sus carteras.

Ésa es la discusión.

Y ahí es donde nos vamos a meter.


Dos modelos, dos PepSis completamente distintas

Empecemos por la contradicción más divertida.

El modelo de Geraldine Weiss, basado en el rendimiento histórico por dividendo, prácticamente grita compra. Con un yield actual alrededor del 4,45%, muy por encima del máximo histórico de referencia cercano al 3,47%, PepsiCo aparece claramente infravalorada respecto a su propia historia. Según ese enfoque, el valor razonable se dispara hacia la zona de 195 dólares… espera no corras aun a comprar y lee esta tesis completa.

Por qué entonces llega Gordon, mira el mismo activo y nos baja a tierra con una colleja de realidad. Con un bono alrededor del 5,01%, una prima de riesgo del 4,5% y una rentabilidad exigida del 9,51%, el modelo de dos fases me lleva a un valor próximo a 90 dólares.

Uno nos dice que estamos ante una ganga y el otro que aún podríamos estar pagando demasiado. Perfecto, esto ya se parece más a invertir de verdad. La explicación está en que ambos modelos miran cosas diferentes.

Weiss compara a PepsiCo con la PepsiCo del pasado. Gordon la compara con el coste actual del dinero.

Y ese detalle lo cambia todo.

Durante años era relativamente fácil pagar un premium por PEP cuando el bono ofrecía poco más que las gracias. Hoy el Treasury se mueve alrededor del 5%. De repente, una acción que paga un 4,5% de dividendo tiene que justificar muy bien por qué merece que asumamos riesgo empresarial, volatilidad, deuda y ejecución operativa.

Por eso no creo que podamos elegir alegremente uno de los dos modelos y tirar el otro a la basura.

Creo que precisamente la distancia entre ambos nos está describiendo el problema.


El mercado ya no discute la calidad. Discute el crecimiento.

PepsiCo sigue siendo una de las franquicias de consumo más potentes del mundo.

Las históricas Pepsi, Gatorade, Lay’s, Doritos, Quaker, Cheetos, Tropicana… y ahora además de nuevas apuestas como Poppi y Siete… una red de distribución extraordinaria, presencia global y unas economías de escala que siguen siendo muy difíciles de replicar. Y es que nada de eso ha desaparecido; pero lo que sí ha desaparecido es la paciencia del mercado.

Durante años PEP podía crecer poco y cotizar caro porque tenía tres cosas a su favor: tipos bajos, estabilidad y una confianza casi automática en que la compañía sabría trasladar precios sin destrozar el volumen.

Ahora la última parte está en discusión, sobre todo en Norteamérica.


Norteamérica es el problema. Y no deberíamos maquillarlo.

Los últimos resultados tienen una apariencia bastante mejor de lo que realmente son.

Los ingresos publicados crecieron con fuerza, pero cuando limpiamos adquisiciones, divisas y comparables, el crecimiento orgánico es bastante más discreto. El problema se concentra especialmente en PepsiCo Foods North America, donde la compañía ha tenido que empezar a corregir precios, aumentar promociones y reconstruir parte de la relación con un consumidor que sencillamente ha dicho “hasta aquí”.

Durante años, Pepsi aprovechó la inflación para subir precios con una eficacia envidiable. El margen aguantaba y el consumidor seguía comprando; hasta que dejó de hacerlo.

La presión sobre categorías como Lay’s y Doritos ha obligado a reducir precios en determinados productos, en algunos casos de forma bastante agresiva. La idea es recuperar frecuencia de compra, tráfico y volumen. Con la buena noticia de que empiezan a aparecer señales de estabilización.

La mala es que todavía no está claro que el problema fuese sólo el precio. Y aquí empieza el análisis que de verdad importa, ya que existen dos lecturas.

La amable es que hemos vivido una simple resaca inflacionaria: demasiadas subidas, consumidor cansado, unos trimestres de ajuste y vuelta gradual a la normalidad.

La más incómoda es que estemos asistiendo a cambios algo más estructurales: mayor sensibilidad al precio, crecimiento de marca blanca, menor consumo de snacks tradicionales, búsqueda de proteína y fibra, preocupación por ingredientes y, sí, también el posible impacto progresivo de los GLP-1 en los hábitos de consumo, que ya las cadenas de comida rápida han puesto sobre la mesa.

No digo que Ozempic vaya a acabar con los Doritos, por que no es cuestión de ponerse tan dramático, pero si la categoría crece menos y además necesitas bajar precios para recuperar volumen, el modelo económico cambia.

Ahí está probablemente el mayor riesgo de la tesis.


Bebidas tampoco nos da todavía permiso para descorchar nada

En bebidas norteamericanas la lectura es parecida. Los ingresos publicados parecen mejores gracias a adquisiciones y cambios de perímetro, pero el volumen subyacente sigue flojo.. bastante flojo.

Eso explica buena parte de la estrategia de Pepsi en los últimos años. La compañía no se está limitando a defender Pepsi, Mountain Dew o Gatorade. Está comprando y desarrollando categorías que encajan mejor con el consumidor que viene: bebidas funcionales, hidratación, menos azúcar, energía y propuestas que entran mejor dentro de un discurso de salud o bienestar.

Poppi tiene sentido precisamente por eso. No es una ocurrencia exótica. Es una señal de que Pepsi sabe que el crecimiento futuro probablemente no vendrá sólo de vender más de lo mismo. Aunque todos recordamos intentos anteriores de PepsiCo en diversificar en bebidas energéticas con compras millonarias, que resultaron un fiasco… esto hay que vigilarlo queridos Cazadores.


Fuera de Estados Unidos encontramos una historia bastante mejor

Aquí cambia bastante el tono de este análisis. Mientras Norteamérica necesita cirugía de precisión, el negocio internacional sigue comportándose con bastante solidez.

Europa, Oriente Medio y África mantienen crecimiento razonable. Latinoamérica sigue aportando. Asia continúa aumentando volumen. Y el negocio internacional de bebidas mantiene una dinámica que, en algunos segmentos, es claramente superior a la de Estados Unidos. Esto creo que es muy importante porque el mercado puede estar mirando demasiado a Norteamérica y demasiado poco a la transformación geográfica del grupo.

PepsiCo se está convirtiendo progresivamente en algo distinto.

Norteamérica sigue siendo la gran máquina de caja, pero el crecimiento está desplazándose cada vez más hacia internacional. Si el negocio estadounidense simplemente se estabiliza y el internacional continúa creciendo a ritmos medios-altos, la compañía no necesita ninguna resurrección milagrosa.

Le basta con dejar de autolesionarse… y eso, en una empresa de casi 100.000 millones de ingresos, ya sería bastante.


Los márgenes aún dicen que la franquicia sigue viva

Hay un dato que me tranquiliza más de lo que podría parecer: el margen bruto ronda todavía el 54%, bastante en línea con su rango histórico. Eso importa mucho, hazme caso.

Porque cuando una compañía de consumo pierde de verdad su poder de fijación de precios, normalmente empezamos a verlo en el margen bruto y eso por ahora no está ocurriendo.

El margen operativo ronda el 16%, igualmente bastante estable en perspectiva histórica, aunque los últimos trimestres muestran presión. ¿Por qué?

Porque Pepsi está haciendo varias cosas a la vez: reduce precios, promociona más, gasta en publicidad, absorbe costes logísticos y de materias primas y, al mismo tiempo, intenta sacar eficiencias del sistema… lo malo que con tocar tantos palos no sabremos que es lo que funcionó o fue la combinación de todo.

En cualquier caso, no estamos viendo una erosión descontrolada. sino el coste de reparar Norteamérica.

La compañía promete unos 100 puntos básicos de expansión acumulada del margen operativo core durante los próximos tres años. Para lograrlo está simplificando referencias, cerrando o reorganizando activos, automatizando procesos y replanteando buena parte de la estructura norteamericana.

Aquí tenemos una de las mayores oportunidades de la tesis, como decíamos, con casi 100.000 millones de ingresos, incluso pequeñas mejoras de eficiencia mueven bastante el beneficio.

Eso sí: si dentro de dos años esos 100 puntos básicos se han convertido en 100 diapositivas en un Power Point explicando por qué no llegaron, tendremos otro problema y eso no resolverá con buenas palabras en el siguiente Earning.


La productividad puede ser el verdadero motor de 2027–2028

Ésta es probablemente una parte del caso que me parece algo infravalorada. PepsiCo tiene una red gigantesca de fábricas, almacenes, distribución y transporte. Durante décadas esa infraestructura ha sido una ventaja competitiva enorme, pero también se ha convertido en una estructura costosa y compleja.

Ahora la compañía está intentando simplificarla. Ram Krishnan ha asumido el liderazgo de PepsiCo North America con el mandato de integrar mejor alimentos y bebidas, racionalizar cadena de suministo y revisar el go-to-market.

Además, la compañía está metiendo automatización, planificación digital, inteligencia artificial y logística autónoma allí donde realmente puede generar productividad.

No voy a convertir PepsiCo en una historia de IA porque todavía me queda mucho respeto por vosotros, pero es innegable que si gracias a las mejoras de procesos y optimizaciones que vienen de la IA una compañía de este tamaño consigue quitar un 1% de costes estructurales, el efecto en beneficios es mucho más interesante que cualquier titular sobre algoritmos.


Y ahora sí: vayamos donde se separa una buena empresa de una buena inversión

Financieramente, Pepsi sigue siendo una máquina de generar caja.

El flujo de caja operativo TTM ronda los 13.460 millones de dólares, mientras el CapEx ha bajado hacia 4.170 millones, frente a niveles bastante superiores en años anteriores.

Eso deja un Free Cash Flow cercano a 9.280 millones, esto nos deja una buena noticia y otra bastante menos cómoda.

La buena es que la caja está mejorando mientras el CapEx se modera. Si Pepsi logra mantener el OCF y normalizar inversión, el FCF podría seguir creciendo incluso con ventas bastante discretas, pero la menos buena es lo que ocurre después.

Con un dividendo anual de alrededor de 5,92 dólares por acción, Pepsi destina aproximadamente 8.000 millones de dólares al año a dividendos.

Eso significa que el dividendo consume alrededor del 85–87% del Free Cash Flow… a ver el dividendo está cubierto, pero no sobra dinero.

Y ésa es una diferencia que a veces se nos olvida cuando hablamos de “Dividend Kings” como si el dividendo fuese una fuerza mágica de la naturaleza. Y es que después de pagar al accionista quedan poco más de 1.000 millones largos de caja libre para recompras, reducción de deuda, adquisiciones y demás necesidades. Para PepsiCo es un flujo más bien exiguo


La deuda no me preocupa por solvencia. Me preocupa por libertad.

Pepsi tiene aproximadamente 53.000 millones de dólares de deuda bruta, unos 10.000 millones entre caja e inversiones y, por tanto, más de 42.000 millones de deuda neta.

¿Es demasiado? Para una compañía con esta estabilidad de ingresos, esta capacidad de generación de caja y una cobertura de intereses muy holgada, no veo un riesgo real de solvencia.

Pero sí creo que existe un riesgo de flexibilidad financiera; la diferencia puede parecer sutil pero es importante.

Durante los próximos años Pepsi afrontará vencimientos significativos, en torno a varios miles de millones anuales. Y no todo ese dinero se refinanciará al coste al que se emitió originalmente.

Con los tipos actuales, sustituir deuda antigua barata por deuda nueva más cara va absorbiendo parte del crecimiento. No es que rompa el balance, pero hace que cada dólar de FCF tenga más pretendientes.

  • Dividendo.

  • Deuda.

  • Recompras.

  • CapEx.

  • Adquisiciones.

Y todos quieren cobrar, y eso hace que el verdadero debate financiero de Pepsi no es si puede pagar la deuda; de momento puede, pero nos translada al debate de qué rentabilidad puede conseguir con el siguiente dólar después de CapEx y dividendo.

Ahí es donde empieza a decidirse si PEP vuelve a ser compounder o se convierte simplemente en una gran empresa defensiva.


Poppi, Siete y la estrategia de comprar el crecimiento que falta

Pepsi pagó cerca de 2.000 millones por Poppi y alrededor de 1.200 millones por Siete Foods. Ambas operaciones tienen bastante sentido estratégico.

Poppi acerca el portfolio a bebidas funcionales y a un consumidor más joven. Siete introduce alimentos con una percepción más limpia y moderna. La lógica de compra no tiene falla, pero hay un problema con el precio.

Cuando compras crecimiento pagando múltiplos elevados necesitas que el crecimiento aparezca después, como dicen en México “Luego luego”. No dentro de diez años… tiene que ser a renglón seguido.

Pepsi ya ha tenido alguna experiencia recordándonos que una marca comprada con entusiasmo también puede terminar generando un perdida de valor bastante menos interesante.

No estamos diciendo que Poppi o Siete sean malas adquisiciones, pero ahora queremos ver retorno sobre el capital.

Porque si el negocio tradicional crece menos y además necesitamos gastar miles de millones comprando nuevas categorías, la calidad económica de ese crecimiento cambia completamente.


Elliott: alguien más también está haciendo estas preguntas

Este es otro elemento interesante. Elliott Investment Management entró en PepsiCo con una posición enorme y empezó a presionar para mejorar la rentabilidad norteamericana, racionalizar la cartera, revisar distribución y elevar la eficiencia del capital.

Y la compañía respondió. Pepsi presentó un plan de simplificación, productividad, reducción de SKU, mejora del valor percibido y revisión del sistema norteamericano. Elliott, en lugar de seguir sacando el lanzallamas y tijeras, apoyó públicamente algunas de esas medidas y eso fue bien recibido por el mercado y el accionista, porque significa que existe presión real por mejorar ejecución, pero sin necesidad de destrozar la compañía para conseguir una subida bursátil de seis meses.

La gran actualización sobre cadena de suministro y entrada en mercado que debería llegar hacia finales de 2026, y esta puede ser bastante relevante, ya que ahí empezaremos a saber si esta transformación genera hechos y no palabras.


También ha cambiado gente importante

El nuevo CFO, Steve Schmitt, viene de Walmart U.S., donde tuvo bastante experiencia en transformación operativa, omnicanalidad y disciplina de costes. Ram Krishnan asume una Norteamérica más integrada. También Joaquin Duato, de Johnson & Johnson, se incorpora al consejo.

Todo esto encaja bastante bien con lo que Pepsi necesita ahora: menos complacencia, más disciplina de capital y una visión más moderna del portfolio de consumo. Esto en sí, no garantiza nada, pero al menos parece que están contratando gente para solucionar los problemas que existen, no otros que todavía no tenemos… no es un mal comienzo.


¿Qué están haciendo los insiders?

Aquí no encuentro una señal especialmente alcista.

Hay ventas de directivos, aunque ninguna me parece por sí sola preocupante porque buena parte de estas compañías remuneran enormemente mediante acciones y los ejecutivos venden por impuestos, diversificación o planes previamente establecidos.

Pero tampoco veo algo que me habría encantado encontrar: compras relevantes en mercado abierto a estos precios.

No están y me gustar recalcarlo, por que suele ser una señal de que los propios trabajadores de alto nivel creen que los cambios se verán en el precio en un tiempo razonable.

Las “compras” que aparecen en algunos Form 4 corresponden en buena parte a compensación diferida, reinversión de dividendos o planes corporativos y eso no es lo mismo que un directivo levantándose una mañana y diciendo: “A 130 dólares quiero meter un par de millones de mi patrimonio aquí”.

PepsiCo sí ha recomprado acciones por encima de los 150 dólares, lo que al menos nos dice que la propia compañía consideraba esos niveles suficientemente interesantes para asignar capital, pero ni de lejos lo convertiría en una señal mágica.


El múltiplo ya no es el de una empresa intocable

Aquí empezamos a encontrar el atractivo. PEP cotiza cerca de 17 veces beneficio trailing y menos de 15 veces beneficio forward.

Durante años, el mercado pagó 25, 28 e incluso más de 30 veces por Pepsi; ese premium prácticamente ha desaparecido… y tiene todo el sentido del mundo.

PEP, no merece 30 veces mientras no consiga demostrar que puede recuperar crecimiento orgánico y margen, pero es que tampoco necesitamos volver a 30x para ganar dinero.

Si Pepsi recupera simplemente una valoración de 17–18 veces beneficios futuros, el potencial cambia bastante desde aquí, ya que para que la tesis funcione no necesitamos volver a la euforia y hacer un x2 en los ratios… y esto me parece interesante.


El consenso de analistas ronda aproximadamente 155 dólares, con una horquilla muy amplia entre los más pesimistas y los más optimistas.

No utilizaría nunca esa cifra como valor fundamental, pero sí sirve para visualizar que buena parte del entorno vendedor, considera que el mercado actual está aplicando un descuento importante. Pero olvídate de las valoraciones, piensa más en si los números empiezan a justificarlo.


Gordon contra Weiss: ahora podemos entender la pelea

Volvamos al principio. Weiss dice que PEP está baratísima porque el yield actual del 4,5% está muy por encima de su rango histórico… y tiene toda la razón. Pero ese histórico se construyó con tipos mucho más bajos y un negocio que crecía mejor.

Gordon dice que, si exigimos un 9,5% de rentabilidad y el crecimiento de largo plazo se modera, el valor puede ser bastante inferior, y que creen… también tiene razón.

La forma que encuentro para reconciliarlos es bastante sencilla. Con un dividendo alrededor del 4,5% y un crecimiento sostenible del negocio del 4–5%, podemos aspirar aproximadamente a una rentabilidad total del 8,5–9,5% antes de cambios de múltiplo.

Curiosamente, eso nos deja muy cerca de la rentabilidad que estamos exigiendo.

Ahí está probablemente el precio actual. A 130 dólares, Pepsi necesita volver a crecer alrededor del 4–5% para ser una inversión razonable y si lo consigue y además el mercado vuelve a concederle algo de premium, tenemos seguro subida del precio de la acción.

Pero, si se queda en crecimiento del 2%, los 130 dólares pueden dejar de parecer baratos rápidamente… y eso es muchísimo más útil que discutir si vale exactamente 90 o 195.


Entonces, ¿dónde está la oportunidad?

Para mi hay que buscarla en 5 puntos:

  • El primero es Norteamérica. Si las bajadas de precio recuperan volumen sin destrozar margen, el mercado empezará a asumir que el problema era cíclico.

  • El segundo es la productividad. Un negocio de este tamaño puede conseguir mucho beneficio con mejoras pequeñas.

  • El tercero es internacional, que sigue funcionando mucho mejor que el mercado estadounidense.

  • El cuarto es la propia valoración. A menos de 15x forward ya no estamos pagando prácticamente ningún premium por calidad.

  • Y el quinto es la presión de Elliott y la reorganización interna, que pueden acelerar decisiones que probablemente Pepsi habría tardado más en tomar por sí sola.


¿Y dónde puede estar la trampa?

También tengo cinco puntos importantes a vigilar.

  • Que la bajada de precios no consiga recuperar volumen.

  • Que el cambio de hábitos hacia alimentos menos procesados sea más estructural de lo que Pepsi espera.

  • Que el ahorro de costes desaparezca absorbido por promociones, materias primas y marketing.

  • Que el dividendo siga aumentando mientras el FCF no acompaña y termine eliminando casi toda la flexibilidad financiera.

  • Y que las adquisiciones que deberían traer crecimiento terminen ofreciendo retornos mediocres sobre el capital.

Si cualquiera de esas cosas ocurre de forma aislada, se puede gestionar, pero si ocurren varias a la vez, entonces sí podemos empezar a hablar de trampa de valor.


El próximo examen importa bastante

El siguiente resultado trimestral va a ser mucho más importante de lo habitual. Pero no me obsesionaría con si Pepsi supera el EPS esperado por tres céntimos.

Quiero ver volumen en Foods North America, volumen en Beverages North America, crecimiento orgánico, margen operativo core, comentarios sobre materias primas y evolución del Free Cash Flow.

Pero sobre todo quiero responder una pregunta:

Después de bajar precios y aumentar promociones, ¿el consumidor estadounidense está volviendo?

Si la respuesta empieza a ser sí, la tesis mejora mucho.

Si seguimos escuchando “mejora secuencial”, “consumidor cauteloso” y “esperamos recuperación progresiva” durante otros dos o tres trimestres, habrá que empezar a sospechar que Gordon estaba intentando avisarnos de algo.


Mi lectura para los Cazadores del Profit

Queridos Cazadores; En PepsiCo no veo ahora mismo una empresa rota, pero tampoco veo una compra automática.

Lo que si veo es algo bastante más interesante: una compañía extraordinaria a la que el mercado ha dejado de conceder el beneficio de la duda.

Pepsi sigue teniendo marcas, escala, distribución, caja y una presencia internacional que muchas empresas matarían por conseguir. El margen bruto continúa estable, el FCF ha mejorado y el balance sigue siendo perfectamente manejable.

Pero también tiene un problema real en Norteamérica, un dividendo que ya consume buena parte de la caja disponible, más de 50.000 millones de deuda bruta y varias adquisiciones que todavía tienen que justificar el precio pagado.

Por eso no compraría Pepsi únicamente porque “nunca había pagado un 4,5%”… ese sería exactamente el tipo de razonamiento que convierte una estadística histórica en una trampa.

Pero está claro que lo que sí tenemos es una compañía a menos de 15 veces beneficios futuros donde buena parte de la decepción ya está reflejada en precio y creo que aquí está la oportunidad.

Si Norteamérica se estabiliza, internacional sigue creciendo, el margen recupera y la productividad funciona, no necesitamos volver a pagar 25 veces Pepsi para obtener una rentabilidad interesante.

Con algo tan poco espectacular como volver a 17–18 veces beneficios, el mercado ya tendría que reconocer bastante valor, por eso, si tuviera que resumirlo ante un comité de inversión, lo diría así:

PepsiCo no necesita volver a ser perfecta. Necesita demostrar que todavía sabe crecer.

A 130 dólares, el mercado ya no está pagando por la promesa, está esperando pruebas, y sinceramente, me parece un punto de partida bastante más sano.


¿Qué vigilaría yo?

Venga créate una alerta y agéndate revisar durante los próximos trimestres tendría cuatro números delante: volumen en Norteamérica, margen operativo, Free Cash Flow y payout del dividendo.

Después añadiría deuda y retorno de las nuevas adquisiciones y si esos datos empiezan a mejorar a la vez, el mercado probablemente llegará tarde. De todos modos, si empeoran, tampoco tendremos demasiadas excusas para decir que no lo vimos venir.


Ahora os toca a vosotros

Éste es el análisis; la decisión no.

Quiero que cada uno de los Cazadores del Profit llegue a su propia conclusión: ¿estamos ante una PepsiCo temporalmente castigada, con margen para recuperar crecimiento y múltiplo, o el mercado está empezando a valorar correctamente una compañía que ya no crece como antes?

Y lo que ya sería la caña, es que algunos Cazadores, levantaran la mano y dijeran

“Yo me encargo de revisarla los próximos trimestres y actualizo los datos para ver como se cumplen”

Tal vez sea un sueño que llevamos mucho tiempo rondando… pero no me dirás que no es bonito.

En cualquier caso, dejadme también en comentarios qué empresa queréis que llevemos después a la mesa de análisis. Intentaré escoger las que más se repitan y aplicar el mismo proceso: negocio, balance, caja, riesgos, valoración y, sobre todo, qué puede demostrarnos que nuestra tesis estaba equivocada.

Porque buscar razones para comprar es fácil, per buscar razones para no hacerlo suele ahorrar bastante más dinero.

Recuerda que en esa misma linea de ser lo más cuidadoso posible con nuestras finanzas hay que elegir un buen broker para operar. En Quantfury, puedes comprar este y otros activos sin comisiones ni costes por mantener tu operación abierta. Si usas mi código de invitación RAFA a la hora de abrir tu cuenta y comprar acciones de PepsiCo u otros activos, podrás recibir una acción o crypto por valor de hasta 250$ USD


Aviso importante

Este contenido tiene una finalidad exclusivamente informativa y educativa y refleja mi análisis personal de PepsiCo en el momento de publicarlo. No constituye una recomendación de compra, venta o mantenimiento de acciones de PEP ni asesoramiento financiero, fiscal o de inversión personalizado.

Los modelos de valoración dependen de hipótesis sobre crecimiento, tipos de interés, dividendos, márgenes y rentabilidad exigida que pueden cambiar. Una gran empresa puede ser una mala inversión si se paga demasiado por ella, y una acción aparentemente barata puede seguir cayendo si sus fundamentales se deterioran.

Antes de invertir, revisa la información financiera de la compañía, entiende sus riesgos y comprueba que la inversión encaja con tu cartera, horizonte temporal y tolerancia al riesgo.

Y si tu tesis entera consiste en “Pepsi lleva toda la vida subiendo el dividendo”, quizá todavía no tienes una tesis.

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