“Cuanto más trabaje tu dinero, menos tendrás que trabajar tú”

T. H. Eker

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Market Tracker y Análisis de liquidez | 18 de septiembre semana 38 de 2026

Los futuros de Wall Street llegan al viernes prácticamente planos, sin la convicción que tenían en los primeros compases de la sesión asiática. El mercado no sabe muy bien si celebrar que la semana termina o preocuparse por lo que ha dejado por el camino.

La sesión de ayer estuvo dominada por la digestión de la decisión de la Fed, que subió tipos hasta el rango 3,75-4,00% y proyectó en su dot plot dos posibles alzas adicionales para 2026 y una más en 2027. Warsh repitió su mensaje de Jackson Hole sin ofrecer guía explícita, lo suficientemente hawkish para mover bonos pero no tanto como para anclar las expectativas. La producción industrial de agosto, publicada hoy, llegó plana cuando se esperaba un +0,3%, con la manufactura cayendo un 0,3% y la utilización de capacidad estancada en el 76,3%.

Tras la decisión del Banco de Inglaterra, en cuya reunión se decidió no subir tipo pero con el mercado apostando aun así por 45 puntos básicos acumulados de subidas antes de fin de año, así que el mercado terminará imponiéndose. La semana que viene trae inflación en varios flancos europeos y más datos de empleo estadounidense, mientras la reunión de Trump con líderes del Golfo sobre Irán añade una variable geopolítica que nadie tiene en su modelo pero todos vigilan.

En renta variable americana, los índices cerraron la jornada anterior sin grandes sobresaltos pero el 10Y Treasury sigue rondando el 4,96%, lo justo para mantener la presión sobre las valoraciones. La plata se disparó más de un 7% como reacción al dot plot, que el mercado leyó como menos hawkish de lo temido en el margen, y eso arrastró capital hacia metales y alejó algo de presión sobre el dólar.

Europa tuvo una sesión nerviosa y continúa la caída que comenzó a principios de semana. Lagarde dejó ayer dos mensajes para todos los gustos: rechazó las subidas automáticas de tipos mientras los precios de la energía enturbian el panorama, pero su “ya veremos” ante una pregunta sobre salida anticipada del ciclo restrictivo fue suficiente para avivar la especulación. Bolsas europeas con sesgo vendedor, sin datos concretos de cierre disponibles todavía esta mañana.

En Asia, el protagonismo absoluto fue del yen. El BOJ subió 25 puntos básicos hasta el 1,25%, el nivel más alto desde 1995, pero el voto fue 7-2 con dos disidentes nombrados por la primera ministra Takaichi, y Ueda no comprometió el calendario de la siguiente subida. El resultado fue predecible: el yen se hundió, el USDJPY pasó de 156,60 durante la rueda de prensa a testar el 158,00 después. El Nikkei y el resto de plazas asiáticas cerraron una semana convulsa sin referencias adicionales que destacar.

El crudo Brent retrocede un 1,3% hoy hasta los 103,37 dólares, aliviando algo las primas de riesgo de suministro, aunque sigue cómodamente (e incómodamente para los demás) por encima de los 100 dólares. El oro se acerca de nuevo a los 4.400 dólares tras rebotar desde niveles técnicos comprometidos, impulsado por la reunión Trump-Golfo y el foco en Irán. La plata, como se ha dicho, protagonizó el movimiento más llamativo de la jornada con esa subida de más del 7%.

Lo que queda por ver hoy es si los futuros planos aguantan o si el 10Y termina de decidirse: por encima del 5% el tono cambia, por debajo da algo de aire. El contexto geopolítico en torno a Irán tiene la capacidad de reescribir cualquier narrativa de cierre semanal en cuestión de horas.

En expansión tardía con el ciclo SPI en 138,4 grados, los 5,01% del 10Y y la curva apenas invertida en 27 puntos básicos empujan el peso hacia XLF, XLI y XLB, que es exactamente donde uno querría estar si cree que el aterrizaje se produce sin accidente, y exactamente donde más duele si no.

Análisis de liquidez

Si mirásemos exclusivamente los promedios semanales, parecería una semana bastante buena. Las reservas aumentan US$22.5B hasta US$3.014T, mientras el TGA promedio baja otros US$6.3B hasta US$877.0B. Eso consolida parte de la recuperación de la semana pasada y devuelve el promedio de reservas cómodamente por encima de nuestro umbral de US$2.95T.

Pero esta vez el promedio nos cuenta una historia atrasada. El dato puntual del miércoles 16 cambia radicalmente la fotografía: el TGA saltó hasta US$991.7B, frente a US$843.7B el miércoles anterior, mientras las reservas bancarias cayeron hasta US$2.922T, desde US$3.037T. Es aproximadamente +US$148B de TGA frente a -US$115B de reservas en una semana. El salto coincide con la gran entrada de impuestos de mitad de septiembre; sólo entre el 14 y el 16 el saldo diario del TGA pasó de US$871B a casi US$992B.

Esto es precisamente lo que nuestra analogía de la hoguera intenta detectar: el promedio dice que durante la semana había más brasas, pero la última fotografía muestra que Treasury acaba de llevarse una carretilla entera. Por eso esta semana daría más peso al dato puntual que al promedio.

En funding, la situación previa a la reunión de la Fed seguía siendo tranquila. SOFR cerró el 16 en 3.62%, frente a 3.64% una semana antes, dejando el spread contra el antiguo ON RRP del 3.50% en 12 pb. No había señal de tensión inmediata en repo.

Aquí, sin embargo, aparece una discontinuidad metodológica importante. El 16 de septiembre la Fed subió tipos 25 pb y, desde el día 17, IORB pasa a 3.90%, ON RRP a 3.75% y SRF a 4.00%. Por eso no tiene sentido calcular hoy 3.62%-3.75% y concluir que el spread es negativo: estaríamos comparando operaciones del miércoles con una tasa administrativa que sólo entró en vigor el jueves. El próximo SOFR ya nos dará la primera lectura limpia bajo el nuevo régimen así que el dato de hoy lo tomamos con alfileres.

El ON RRP, por su parte, registró apenas US$276M el 17 de septiembre. Seguimos exactamente donde estábamos: el viejo depósito de liquidez está muerto y cualquier gran absorción fiscal tiene mucha más capacidad de trasladarse directamente a reservas.

T-Bills y una novedad de la Fed muy importante

La oferta corta sigue siendo considerable. Esta semana hemos tenido las subastas habituales de 6W, 13W, 17W y 26W, y el jueves Treasury añadió US$90B de 4 semanas y US$85B de 8 semanas. La demanda sigue absorbiendo el papel, el 4W tuvo un bid-to-cover de 3.02, por lo que todavía no vemos problemas de colocación, aunque el volumen continúa compitiendo por cash con el sistema bancario.

Y aquí aparece probablemente la noticia estructural más importante de la semana: junto con la subida de tipos, la Fed ha autorizado explícitamente al Desk a aumentar las tenencias de Treasuries mediante compras de T-Bills y, si fuese necesario, valores con menos de tres años para mantener un nivel amplio de reservas. Además, reinvertirá todos los vencimientos de Treasuries y los pagos de principal de agencias en T-Bills.

Esto merece incorporarse a nuestra lectura porque introduce un suelo potencial bajo las reservas. Si WRESBAL vuelve a acercarse de forma persistente a niveles incómodos, la Fed ya ha dejado preparado el mecanismo para comprar bills y añadir reservas. No es necesariamente QE orientado a estimular los mercados; es gestión de reservas. Pero para nuestra hoguera la diferencia semántica importa menos que la mecánica: si la Fed compra bills, crea reservas y añade brasas.

Nivel de riesgo de liquidez

🟠 MEDIO-ALTO, sube desde MEDIO

La semana pasada bajamos a amarillo porque coincidieron reservas ~US$2.99T, TGA US$883B y spread de 14 pb. El promedio de esta semana incluso mejora esa fotografía.

Pero el cierre cambia el diagnóstico:

Reservas puntuales US$2.922T + TGA US$991.7B + ON RRP prácticamente cero.

Eso vuelve a colocar el sistema en nuestra zona sensible. No regreso todavía al nivel alto con semaforo rojo porque el funding no ha mostrado una dislocación y, sobre todo, porque ahora existe una respuesta explícita de la Fed mediante compras de bills si considera que las reservas dejan de ser amplias.

Implicaciones de mercado

Para bolsa y Bitcoin, tenemos dos fuerzas contrapuestas. El drenaje fiscal de esta semana es claramente negativo para la liquidez: US$115B menos de reservas en la fotografía puntual no es ruido. Además, la subida de 25 pb de la Fed endurece las condiciones financieras.

Pero aparece por primera vez un contrapeso bastante interesante: la Fed ha dejado de limitarse a observar el nivel de reservas y ha autorizado compras de T-Bills para mantenerlas amplias. Si esas compras comienzan a crecer mientras Treasury vuelve a gastar el dinero acumulado tras el tax day, podríamos pasar rápidamente de drenaje a reconstrucción de liquidez, así que estaremos muy atentos a esto para próximas semanas.

Para nuestro seguimiento, por tanto, la próxima semana es especialmente importante. Si el TGA vuelve a bajar desde ~US$992B y las reservas recuperan US$3T, interpretaremos este episodio como un drenaje fiscal temporal. Si el TGA permanece cerca de US$1T y WRESBAL continúa bajo US$2.95T, tendremos que mirar inmediatamente SOFR bajo el nuevo régimen y el tamaño de las compras de bills de la Fed.

Para acabar: durante la semana parecía que la hoguera recuperaba brasas; el miércoles Treasury apareció y se llevó más de US$100B de golpe. La diferencia respecto a agosto es que ahora la Fed ha dejado una pila de madera al lado y ha dicho explícitamente que puede utilizarla para mantener las reservas amplias. La siguiente lectura nos dirá si hace falta encenderla.

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Market Tracker | 17 de septiembre 2026

Los futuros americanos vienen en verde moderado esta mañana del 17 de septiembre, con el S&P buscando apoyarse en su media de 100 días tras el zarandeo de los últimos días: un rebote técnico es lo que el mercado ofrece hoy, no una convicción renovada y lo que queda claro es que la decisión de la Fed estaba más que descontada en la mayoría de los activos.

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Ayer la Fed subió tipos, el mercado lo digirió con la elegancia habitual, es decir, con volatilidad y hoy con el tono de pausa reflexiva. El dato que manda el mensaje más claro no viene de la Fed sino del mercado de vivienda: las inicios de construcción de vivienda de agosto cayeron un 2,6% hasta 1,275 millones, con permisos bajando otro 2,7%, mientras las hipotecas a 30 años rondan el 7%. La Fed es seria con la inflación; el mercado inmobiliario, también. Y es es que el mercado de una hipoteca a 30 años refleja más realidad que el mercado “dirigido” de los bonos.

La agenda de los próximos días no da mucho margen para el relax. Los PMIs de S&P Global y los ISM que se publican la semana próxima son los indicadores a seguir con atención después de que el índice Philly Fed de septiembre sorprendiera al alza con +37,8 frente al +30,5 esperado, aunque su subíndice de actividad a seis meses apunta a que la energía cara y el crédito también más caro empiezan a hacer mella en las expectativas empresariales.

En EEUU, el dato del día que más habla es el de las solicitudes de desempleo: 196.000 frentes a las 208.000 estimadas, con las reclamaciones continuadas bajando 39.000 hasta 1,730 millones. El mercado laboral sigue sin romperse, lo que le da a la Fed exactamente el argumento que necesita para no aflojar. El bono a 10 años retrocede levemente hasta 4,975%, pero “retroceder” desde cerca del 5% no es exactamente un alivio, más bien es que las manos que te aprietan el cuello aflojan levemente, pero la respiración aun cuesta.

Las bolsas europeas cerraron con ganancias modestas apoyadas en el respiro del crudo y la ligera caída de yields, pero la libra fue el lastre de la sesión: el Banco de Inglaterra mantuvo los tipos en 3,75% con un voto de 6-3, con Pill, Mann y Greene disintiendo a favor de subir a 4%. El GBP/USD cayó de 1,3405 a 1,3360 al confirmarse que el BoE no tiene prisa, aunque tampoco unanimidad.

Asia no protagoniza ningún movimiento brusco reseñable; la sesión allí transcurrió sin catalizadores propios, con los mercados regionales pendientes del mismo escenario macro global que domina todo, esto no sirvió de señal ni para Europa ni para la apertura americana, lo explica un poco la atonía de los mercados.

El Brent baja más de un 2% hasta 103,40 dólares, con Arabia Saudí facilitando cargamentos adicionales a refinerías asiáticas mediante transferencias buque a buque cerca del puerto de Sohar, en Omán. Es alivio temporal pero no es una solución estructural que sirva a medio o largo plazo: el crudo sigue por encima de los 100 dólares y la geopolítica en torno a la región no ha desaparecido.

Lo que vigilar hoy y en los próximos días es la firmeza de este rebote: si es sostenible o si, como sugiere la lógica, se trata de un alivio de corto recorrido en un entorno donde el yield a 10 años roza el 5%, el crudo no cede de forma estructural y el mercado laboral no da argumentos para esperar pivote alguno de la Fed. El tono es de digestión, no de cambio de tendencia.

Con el ciclo SPI en expansión tardía a 132,4 grados y los tipos reales volviendo a terreno positivo, los sectores con más lógica siguen siendo financieros (XLF), industriales (XLI) y materiales (XLB), aunque a estas alturas del ciclo “más lógica” y “más margen” no son necesariamente la misma cosa.

¿Pero que pasó ayer?

Lo que significa, cortita y al pie, es esto: el mercado había dado por muerto el ciclo de subidas en 2023. Ya incluso desde inicios de 2024 se esperaba que la Fed empezara los recortes… que llegaron más tarde y todos recordamos de que modo. Ayer la Fed abrió otro tramo alcista en los costes de financiación. No es pánico, pero es el momento en que el dinero no volvió a ser barato e incluso giro en el sentido que casi nadie quería.. El rebote de hoy solo dice que el primer 25 se había descontado. No dice que el régimen haya cambiado y esto es lo que más me preocupa.

Cuando la Fed hace esto, pausa larga, expansión vieja, empleo que no se rompe e inflación que vuelve por el lado de la oferta, la historia no se parece a 1994. Se parece a junio de 1999: Greenspan reabrió el grifo restrictivo con el paro bajo y un relato de productividad que justificaba no frenar. Las bolsas lo digirieron meses. El problema llegó después, cuando el bono largo y el final de ciclo dejaron de convivir. Pero espera que hay otra rima que fue en 1988-89: apretaron con el ciclo maduro y el petróleo de 1990 hizo el resto. En los dos casos el mercado confundió “no se ha caído hoy” con “esto ya pasó”.

La lección incómoda es de calendario, no de titular. La primera subida casi nunca tumba al S&P. Lo que tumba es la secuencia, cuando el bono de 10 años se queda caro y el crudo deja de ser un susto para volverse un régimen. Ayer no cerró nada. Solo avisó de que el tramo tardío se va a recorrer más caro de lo que el precio de los activos había asumido.

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¿Qué demonios es una opción?

En el capítulo anterior partimos de una idea bastante sencilla: no hace falta operar opciones para que nos interese saber qué ocurre en ese mercado. Recordemos que este es el motivo principal de esta serie; no tanto operar opciones, como conocer como funciona este mercado y que información podemos extraer del mismo para nuestra propia operación. Esto es, por que allí se concentra información sobre expectativas, protección, niveles de precio y posicionamiento que puede ayudarnos a entender mejor lo que sucede en el activo que sí estamos siguiendo. Pero para aprovechar esa información tenemos primero que resolver una cuestión mucho más elemental: ¿qué carajos es exactamente una opción?

La palabra impone bastante más de lo que debería. En cuanto aparecen calls, puts, strikes y unas cuantas letras griegas, parece que hemos abandonado la inversión para matricularnos accidentalmente en Ingeniería Financiera o nuclear. Sin embargo, la idea que hay detrás de una opción es sorprendentemente cotidiana: pagamos hoy por conservar un derecho para el futuro. (Lo de derecho en negrita no es baladí).

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Imaginemos que Bitcoin cotiza a 100.000 dólares, (ya se que es mucho imaginar, pero para el ejemplo los números redondos ayudan mucho), y alguien me ofrece lo siguiente: por 2.000 dólares puedo reservarme durante un mes el derecho a comprarle un Bitcoin a esos mismos 100.000 dólares, independientemente de lo que ocurra después con el mercado.

Si dos semanas más tarde Bitcoin cotiza a 120.000, aquel derecho resulta bastante atractivo. Puedo comprar por 100.000 algo que en el mercado vale 120.000. Si, por el contrario, Bitcoin cae hasta 80.000, no tendría ningún sentido utilizarlo: simplemente compraría Bitcoin a 80.000 en el mercado y dejaría caducar mi derecho. Habría perdido los 2.000 dólares que pagué por tener esa posibilidad, pero nadie podría obligarme a comprar a 100.000.

Eso, en esencia, es una opción. ¿Ves no parece tan difícil ni tan místico como algunos pretender que parezca?.

Lo importante es el derecho

Una opción es un contrato que concede a su comprador el derecho, pero no la obligación, de comprar o vender un activo a un precio determinado y dentro de un plazo determinado. Esa pequeña diferencia entre derecho y obligación explica casi todo lo demás.

Podemos compararlo con reservar una vivienda. Encuentras una casa por 300.000 euros y entregas 5.000 para que el propietario mantenga ese precio durante un mes mientras terminas de decidir o avanzar en la financiación. Durante esas semanas ocurre algo extraordinario: descubren que la casa está en una zona que va a revalorizarse muchísimo y ahora alguien estaría dispuesto a pagar 400.000 por ella. Tu derecho a comprar por 300.000 se ha vuelto muy valioso.

Pero también puede ocurrir lo contrario. Descubres humedades, el vecino toca la batería de madrugada y, para completar el cuadro, el ayuntamiento anuncia una planta de tratamiento de residuos enfrente o cualquier otra actividad que te sea molesta. Ya no quieres la casa. Pierdes lo que pagaste por reservarla y sigues con tu vida.

Lo interesante es que nunca compraste realmente la vivienda. Compraste la posibilidad de hacerlo bajo unas condiciones que quedaron fijadas de antemano.

Con las opciones ocurre lo mismo.

Call y put: comprar o vender

A partir de aquí aparecen dos términos que vamos a encontrar constantemente.

Una call concede el derecho a comprar un activo a un precio determinado. Una put concede el derecho a venderlo.

Volvamos a Bitcoin. Supongamos que cotiza a 100.000 dólares y compro una call que me permite comprarlo a 110.000 durante el próximo mes. A primera vista puede parecer absurdo pagar por el derecho a comprar algo más caro de lo que vale hoy. Y lo sería si el contrato acabara hoy. El detalle importante es precisamente que no acaba hoy.

Estoy pagando por mantener abierta una posibilidad.

Si durante ese mes Bitcoin sube hasta 140.000, tener derecho a comprarlo a 110.000 resulta bastante interesante. Si nunca supera ese nivel, la opción puede terminar sin utilidad y yo perderé el dinero que pagué por ella.

La put funciona con la lógica inversa. Si tengo Bitcoin a 100.000 y compro el derecho a venderlo a 90.000 durante los próximos tres meses, probablemente no utilizaré ese derecho si Bitcoin sube hasta 130.000. Sin embargo, si se desploma a 60.000, poder vender a 90.000 empieza a parecer una decisión bastante sensata.

Por eso me gusta pensar en las puts como una forma de seguro o una cobertura. Cuando aseguramos el coche no estamos apostando a que mañana vamos a empotrarlo contra un Seat Panda (Por la raja de tu falda…). Pagamos para limitar las consecuencias económicas si ocurre algo que preferiríamos evitar.

Este matiz será importante más adelante, porque al analizar opciones no podemos asumir que todas las puts representan una apuesta bajista o que todas las calls son una apuesta alcista. Un fondo puede comprar puts porque espera una caída, pero también puede hacerlo mientras mantiene una enorme posición alcista que simplemente quiere proteger. Los contratos son los mismos; la intención que hay detrás puede ser completamente distinta.

Pero vamos a un ejemplo aun más real que para mi hoy es muy práctico.

Un ejemplo real: quiero asegurar Bitcoin a 68.000 dólares

En el momento de la publicación de este artículo, 15 de septiembre de 2026, Bitcoin cotiza alrededor de 77.000 dólares, para cumplir mi objetivo que os he compartido en alguna ocasión de comprar 1 BTC completo antes de la fase de recover, quiero asegurarme el derecho a comprarlo a 68.000 dólares de cara a diciembre, para poder cumplir el objetivo. Lo que buscaría sería una call con strike 68.000 y vencimiento posterior a esa fecha.

Aquí aparece algo interesante: ese derecho ya vale dinero desde el primer minuto. Si Bitcoin cuesta 77.000 y yo tengo derecho a comprarlo por 68.000, existe una ventaja inmediata de unos 9.000 dólares por BTC. Por eso nadie me venderá esa opción por 500 dólares: su prima tendría que incorporar, como mínimo, aproximadamente esos 9.000 dólares de valor intrínseco, más el valor adicional de mantener el derecho durante los próximos meses, lo cual para comprar solo 1 BTC, no tendría mucho sentido a menos que…

Si en diciembre Bitcoin está en 95.000, mi derecho a comprar a 68.000 será muy valioso. Si cae a 60.000, simplemente no tendría sentido utilizarlo. Pero hay una pequeña trampa que conviene entender desde ya: haber fijado un strike de 68.000 no significa que Bitcoin me haya costado realmente 68.000, porque también tuve que pagar la prima de la opción.

Además, el 1 de diciembre no es hoy un vencimiento estándar disponible a varios meses vista en Deribit; sus opciones de BTC se van incorporando según vencimientos diarios, semanales, mensuales y trimestrales. Para una operación real tendríamos que elegir un vencimiento disponible que cubriera nuestra fecha objetivo.

Espero que con este ejemplo más tangible, aunque no demasiado “ejecutable” esto queda aun más claro.

El strike no es más que el precio pactado

El precio al que tenemos derecho a comprar o vender recibe el nombre de strike.

En nuestro primer ejemplo, el derecho era comprar Bitcoin a 100.000 dólares. Ese era el strike. Si la call nos permite comprar a 110.000, el strike es 110.000. Si una put nos permite vender a 90.000, hablamos de un strike de 90.000.

No parece especialmente emocionante explicado así, pero este concepto será esencial cuando empecemos a analizar el mercado.

Cuando veamos que existe una enorme concentración de contratos de Bitcoin en el strike de 100.000 dólares, ya no estaremos mirando simplemente otro número redondo en un gráfico. Sabremos que existe una gran cantidad de contratos cuyo valor y comportamiento están ligados a lo que ocurra alrededor de ese precio.

Eso no convierte automáticamente los 100.000 en una resistencia ni en un soporte. Todavía tendremos que entender muchas otras cosas antes de sacar conclusiones. Pero al menos empezamos a saber qué representa realmente esa concentración que aparece en nuestros gráficos de opciones.

El detalle que hace volar todo: las opciones caducan

Aquí encontramos una de las diferencias más importantes entre comprar un activo y comprar una opción. Si ya has trabajado futuros, estás acostumbrado en cierta manera, pero aquí hay algo mas de “chicha”.

Si compro Bitcoin y durante tres meses no hace absolutamente nada, puedo aburrirme soberanamente, como en la carrera de F1 de Madring, pero al final de esos tres meses sigo teniendo mi Bitcoin. La opción, en cambio, tiene fecha de vencimiento.

Puede expirar dentro de unas horas, el viernes, dentro de un mes o el próximo año. Cuando llega esa fecha, el contrato termina.

Eso introduce una variable que en el activo no existe de la misma forma: el tiempo.

Supongamos que compro una call porque creo que Bitcoin subirá desde 100.000 hasta 120.000. Mi análisis termina siendo impecable y Bitcoin acaba efectivamente en 120.000. El problema es que mi opción vencía una semana antes de que empezara la subida.

Acerté el movimiento y perdí dinero. No parece muy justo, pero el mercado nunca ha prometido ser justo.

Con una opción no importa únicamente qué va a hacer el precio. También importa cuándo lo hará. Y esta idea del tiempo terminará siendo fundamental para comprender tanto el valor de las opciones como el comportamiento de los grandes vencimientos que analizaremos más adelante.

Y por supuesto, ese derecho cuesta dinero

La cantidad que pagamos por adquirir la opción se llama prima. (No quiero chistes con lo que se arrima que os conozco)

En el ejemplo inicial pagábamos 2.000 dólares para conservar durante un mes el derecho a comprar Bitcoin a 100.000. Esos 2.000 dólares son la prima.

La siguiente pregunta surge casi sola: ¿por qué esa opción cuesta 2.000 y no 500, 5.000 o 20.000? Ahí empieza realmente la parte interesante.

Una opción no vale únicamente por la diferencia entre el precio actual de Bitcoin y su strike. También importa cuánto tiempo queda hasta el vencimiento y cuánto cree el mercado que puede moverse Bitcoin durante ese periodo.

La comparación que hicimos antes con la vivienda vuelve a servirnos. No vale lo mismo que alguien te mantenga fijo el precio de una casa durante dos horas que durante dos años. Cuanto más tiempo tengas para decidir, mayor es la posibilidad de que ocurra algo que vuelva valioso ese derecho. Del mismo modo, tampoco debería costar lo mismo reservar durante seis meses el precio de un activo prácticamente inmóvil que el de otro capaz de subir o bajar un 10% mientras estamos desayunando.

Precio, tiempo e incertidumbre empiezan así a mezclarse dentro del valor de una opción. Pero aun no necesitamos todavía calcular nada; basta con entender que esas tres fuerzas existen.

ITM, ATM y OTM, sin hacer un drama

Hay tres expresiones más que aparecerán constantemente y que conviene dejar resueltas.

Seguimos imaginando una call con strike en 100.000 dólares.

Si Bitcoin cotiza a 110.000, esa call está in the money (ITM), porque tenemos derecho a comprar por 100.000 algo que el mercado valora en 110.000.

Si Bitcoin está aproximadamente en 100.000, hablamos de at the money (ATM).

Y si Bitcoin está en 90.000, la call está out of the money (OTM), porque nadie necesita ejercer un derecho para pagar 100.000 por algo que puede comprar a 90.000.

En las puts la lógica se invierte, pero no merece la pena convertir estas siglas en una prueba de memoria. Después de verlas unas cuantas veces se entienden casi de forma automática casi con la misma normalidad que usamos otras siglas como ATH o FOMO.

Ahora ya podemos empezar a mirar de otra manera

Llegados hasta aquí no sabemos operar una sola estrategia con opciones, y eso está perfectamente bien. No era el objetivo… y lo sabes. 😉

Lo importante es que la próxima vez que veamos una pantalla llena de strikes y vencimientos ya no estaremos mirando una colección incomprensible de números.

Sabremos que detrás de cada contrato existe un derecho a comprar o vender, un precio previamente fijado, una cantidad pagada por conseguir ese derecho y una fecha a partir de la cual desaparece.

También sabemos que esos contratos cambian de valor cuando cambia el precio del activo, cuando pasa el tiempo y cuando cambia la percepción del mercado sobre cuánto puede moverse en el futuro.

Y aquí es donde esta serie de artículos empieza a conectar de verdad con nuestro objetivo inicial. Vamos despacio pero seguro.

Porque si queremos utilizar las opciones para obtener información sobre el mercado, necesitamos entender cómo reaccionan esos contratos cuando cambian esas variables.

Para eso existen las famosas griegas.

En el próximo capítulo no vamos a aprender fórmulas ni a jugar a ser actuarios de Goldman Sachs. Vamos a utilizarlas como lo que realmente necesitamos que sean: un idioma sencillo para responder cuatro preguntas.

¿Cuánto reacciona una opción cuando se mueve el precio? ¿Cómo cambia esa reacción? ¿Qué le ocurre a medida que pasa el tiempo? ¿Y cuánto importa que el mercado espere más o menos volatilidad?

Ahí aparecerán Delta, Gamma, Theta y Vega… y no, no son Pokemons, sino letras griegas.

Y, esta vez sí, empezaremos a entender por qué estas letras griegas que parecen describir opciones y como se comportan, terminan ayudándonos a interpretar movimientos en el mercado que nosotros sí operamos.

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Market Tracker | 14 de septiembre 2026

Los futuros del S&P 500 caen un 0,6% este lunes por la mañana mientras los del Nasdaq se desploman un 1,5%, golpeados por una doble combinación que tiene toda la pinta de empezar la semana con el pie equivocado: dudas sobre el ritmo de desarrollo de los modelos de IA más avanzados y un mercado de bonos que vuelve a tensarse ante la perspectiva de una Fed más agresiva de lo que el consenso quería creer hace apenas dos semanas y si encima le sumamos la subida del crudo… éramos poco y parió la abuela.

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La sesión del viernes dejó un CPI mensual de core más caliente de lo inicialmente esperado que terminó de dar mas opciones a la apuesta por una subida en septiembre; los Fed funds futuros asignan ahora casi un 90% de probabilidad a ese movimiento, y las expectativas de subidas acumuladas a final de año han saltado de 33 a 50 puntos básicos en el espacio de una semana. El dólar responde en consecuencia y cotiza en máximos de dos semanas, con el USD/JPY subiendo un 0,6% hasta 154,55 y el EUR/USD cediendo un 0,4% hasta 1,1545.

Esta semana es el gran examen de los bancos centrales: la Fed anuncia el miércoles, y el jueves llegan tanto el Banco de Inglaterra como el Banco de Japón. La BoE llega con 51 puntos básicos de subidas descontados para el cierre de año, frente a los 26 de hace siete días, lo que convierte los próximos cuatro días en los más cargados de riesgo de política monetaria que hemos visto en meses; seguro que en los próximos Market Trackers lo iremos viendo. También sale esta semana el IPC de la zona euro, que añade otra capa al mismo debate.

En renta variable estadounidense el protagonismo lo tiene el sector tecnológico, que arrastra al Nasdaq con las manos atadas tras las dudas sobre el ritmo de desarrollo de los grandes modelos de IA: la caída del 1,5% en futuros afecta de forma desproporcionada a los pesos pesados del segmento. El bono del Tesoro a 10 años llegó a tocar 4,98%, a ocho puntos básicos del nivel redondo de 5%, y el WTI alcanzó intradía un máximo de sesión en 104,95 dólares, el más alto desde mediados de mayo, con una ganancia de 4,53 dólares solo en la jornada.

Europa cerró en rojo generalizado, con el DAX cediendo un 0,4% y el CAC 40 bajando un 0,6%, arrastrados por la misma combinación de petróleo caro y bonos al alza que castiga las valoraciones. Los índices del continente no tuvieron un catalizador propio que compensara el ruido macro global, y la sesión fue básicamente una reproducción local de lo que los futuros americanos ya advertían desde primera hora.

De Asia hay pocos datos concretos disponibles para esta sesión, pero el contexto, dólar fuerte, rendimientos al alza y tecnología bajo presión, no es el que suele invitar a los mercados de la región a destacarse en positivo, especialmente en un Nikkei que tiene el yen como variable de ajuste permanente.

El crudo es hoy el activo que manda. El Brent superó los 108 dólares y el WTI los 103, impulsados por la combinación del bloqueo en el Estrecho de Ormuz y el daño al oleoducto este-oeste saudí, que quedará fuera de servicio entre tres y cinco semanas según AP, aunque algunos estiman hasta seis, tras recibir ocho impactos en una sección de 100 kilómetros el jueves pasado. El oleoducto operaba en torno a 5 millones de barriles diarios, y su parada deshace buena parte del alivio que habían logrado los convoyes de escolta por Ormuz. El oro, lejos de comportarse como refugio, cae un 1,2% hasta 4.293 dólares y presiona el soporte clave en 4.300, presionado por yields reales más altos; la plata aguanta en torno a los 63 dólares pero con el mismo viento en contra.

Lo que importa esta semana no es tanto el dato que venga sino el tono con el que la Fed acompañe su decisión del miércoles: con el petróleo donde está, el mercado ya ha descontado la subida, y la pregunta real es si Warsh señala una pausa tras este movimiento o deja abierta la puerta a más. Esa respuesta determinará si el 4,98% del bono a 10 años es techo o trampolín.

El SPI marca 131 grados de Expansión Tardía, territorio donde XLF, XLI y XLB históricamente aguantan mejor el ciclo, aunque con un petróleo a estos niveles y rendimientos del bono rozando el 5%, hasta los sectores favorecidos por la fase empiezan a estirar el cuello pidiendo árnica.

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Rafael González Bautista

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