Hay compañías que se pasan años haciendo exactamente lo que esperas de ellas. Kimberly-Clark ha sido una de esas. Vende pañales, pañuelos, papel higiénico y productos de higiene; paga dividendos; crece poco, pero de forma bastante previsible; y normalmente no te obliga a levantarte a las tres de la mañana para mirar qué ha hecho el mercado asiático. No es una empresa para contar batallitas en una cena, pero precisamente por eso ha funcionado durante décadas como valor defensivo. Recuerda que hay una pandemia o algún riesgo geopolítico y medio mundo sale corriendo a comprar papel higiénico; ¿por que pondríamos el ojo en esta empresa?
El problema es que ahora KMB ha decidido dejar de ser tan aburrida.
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A unos 107 dólares por acción y con una rentabilidad por dividendo cercana al 4,7%, la primera impresión es bastante tentadora. La acción ha corregido, el yield está en niveles históricamente atractivos y, si uno abre cualquier modelo clásico basado en dividendos, rápidamente aparecen luces verdes.
Luego empiezas a rascar. Y te encuentras una empresa que está mejorando márgenes, sí, pero creciendo muy poco; que genera mucha caja, aunque buena parte se la está comiendo el CapEx; que mantiene un dividendo atractivo, aunque actualmente con menos margen de seguridad del que parece; y que además está a punto de integrar Kenvue, una operación enorme que puede transformar Kimberly-Clark para bien… o hacer que echemos de menos cuando lo más complicado que tenía que explicar la compañía era el precio de la celulosa.
Por eso me parece bastante más interesante analizar KMB ahora que hace un par de años. No porque tenga claro que esté barata, sino porque por primera vez en mucho tiempo hay una verdadera discusión entre calidad, precio y riesgo.
Si miramos únicamente el gráfico histórico de ventas, la primera reacción no es demasiado agradable. Kimberly-Clark llegó a rondar los 20.200 millones de dólares de ingresos en 2022 y actualmente se mueve aproximadamente en 16.600 millones TTM.
Uno podría mirar esas dos cifras y concluir que el negocio ha perdido casi una quinta parte de sus ventas.
Pero no es exactamente eso lo que ha ocurrido.
Durante estos años Kimberly-Clark ha vendido negocios, reorganizado actividades y cambiado considerablemente su perímetro de consolidación, pero manteniendo su core bastante intacto. Una parte importante de esa reducción de ingresos es, por tanto, contable y estratégica, no una desaparición equivalente de demanda.
Eso no significa que podamos ignorar el problema de fondo, porque crecimiento hay poco. En el primer semestre de 2026 las ventas orgánicas crecieron aproximadamente un 1,2% y la propia compañía está asumiendo que crecerá alrededor de un punto porcentual por debajo de las categorías en las que compite. Si sus mercados avanzan aproximadamente un 2%, estamos hablando de una Kimberly-Clark creciendo más cerca del 1%.
No es un desastre, pero tampoco podemos considerar que tengamos algo realmente emocionante entre manos.
Pero quizá ésa sea precisamente la forma correcta de mirar esta empresa. Kimberly-Clark no necesita crecer un 15% para generar valor. Lo que sí necesita es mantener marcas fuertes, proteger márgenes, generar caja y no hacer tonterías con el balance.
Y aquí empiezan las partes interesantes.
Una de las cosas que más me gusta de los últimos resultados es que los márgenes han ido en la dirección correcta. El margen bruto ajustado alcanzó aproximadamente el 38,8%, unos 190 puntos básicos más que un año antes, mientras que el beneficio operativo ha crecido bastante más deprisa que los ingresos.
Cuando una empresa prácticamente no aumenta ventas, pero consigue ganar más dinero, hay algo que se está haciendo bien dentro.
Kimberly-Clark lleva tiempo trabajando en productividad, automatización, reorganización industrial y mejoras en su cadena de suministro. Todo ese maravilloso catálogo de términos corporativos que normalmente ocupa treinta diapositivas en un “power point” que proyectaron en alguna reunión del consejo y que inveriablemente termina con una foto de un empleado sonriendo delante de una fábrica.
La diferencia es que aquí sí empieza a aparecer en las cuentas.
Ahora bien, tampoco daría por hecho que esos 190 puntos básicos pueden proyectarse alegremente hacia el futuro. Parte de la mejora ha recibido ayudas extraordinarias y la compañía sigue teniendo que invertir bastante dinero para sostener la transformación. Pero el hecho de que los márgenes estén respondiendo mientras las ventas apenas avanzan, al menos en principio me parece una señal positiva.
El problema es que esa mejora tiene un precio. Y se llama CapEx.
Kimberly-Clark genera actualmente aproximadamente 3.330 millones de dólares de flujo de caja operativo. Es una cantidad considerable para una compañía que, recordemos, está creciendo alrededor del 1%.
El problema aparece en la siguiente línea. El CapEx TTM ronda ya los 1.510 millones de dólares. Una vez descontado, el Free Cash Flow queda alrededor de 1.820 millones. La cifra es “modesta”, ya que hace unos años el flujo de caja libre superaba cómodamente los 2.500 millones. Así que el deterioro es visible, aunque conviene entender de dónde viene antes de salir corriendo.
No parece que el negocio haya dejado de generar caja. Lo que ocurre es que Kimberly-Clark está invirtiendo mucho más. ¿En que? Capacidad productiva, automatización, cadena de suministro, modernización de fábricas… una parte importante de esa inversión está vinculada precisamente a intentar construir una compañía más eficiente.
Y esto crea una situación curiosa. Por que si lo vemos a corto plazo, el CapEx nos molesta porque reduce el dinero disponible para dividendos, amortización de deuda o recompras. Pero si ese esfuerzo inversor es temporal y dentro de unos años vuelve a niveles normales, Kimberly-Clark podría recuperar una cantidad importante de Free Cash Flow sin necesitar que las ventas hagan nada extraordinario, algo que aman los analistas. Este, para mí creo que es uno de los puntos más interesantes de la tesis.
No necesitamos imaginar que Huggies vaya a convertirse de pronto en Nvidia. Si Kimberly-Clark mantiene ventas, conserva márgenes y deja de invertir 1.500 millones al año, las matemáticas mejoran bastante. Claro que primero hay que llegar hasta allí.
Cuando una acción como Kimberly-Clark ofrece cerca de un 4,7% de rentabilidad por dividendo, cuesta no prestarle atención. Más aún teniendo en cuenta su historial de pagos y aumentos; incluso en un momento en que la “Tasa libre de riesgo” definida por el bono de los Estados Unidos, está casi al mismo nivel.
Pero aquí creo que hay que separar dos cosas que muchas veces mezclamos: que un dividendo sea históricamente fiable no significa que podamos dejar de mirar cómo se está pagando hoy.
Durante el primer semestre de 2026, Kimberly-Clark generó aproximadamente 877 millones de dólares de Free Cash Flow y destinó unos 843 millones al pago de dividendos. Estamos hablando de prácticamente todo el flujo de caja libre del periodo.
No estoy diciendo que crea que Kimberly-Clark vaya a recortar el dividendo mañana. No es mi escenario principal, ni mucho menos, pero tampoco podemos mirar ese 4,7% como si viniese acompañado de un colchón gigantesco. Ahora mismo no lo hay.
La situación probablemente mejore si el CapEx empieza a normalizarse, pero mientras tanto la empresa está entrando en una operación corporativa enorme con bastante menos flexibilidad de caja de la que tenía hace algunos años.
Pero espera que ya llegamos a Kenvue.
La compra de Kenvue cambia por completo la forma en la que tenemos que analizar esta compañía. Kenvue es la antigua división de consumo de Johnson & Johnson y agrupa marcas como Tylenol, Listerine, Neutrogena, Aveeno o Band-Aid. No estamos hablando precisamente de comprar una pequeña empresa para complementar catálogo.
La compañía combinada tendrá alrededor de 32.000 millones de dólares de ingresos y una cartera de marcas de consumo que, sobre el papel, es espectacular, y digo sobre el papel porque las fusiones siempre son estupendas en el papel, en el excel o el mismo “power point” del que antes hablamos. En estos soportes, es uno de los pocos lugares donde dos compañías se juntan, desaparecen costes mágicamente, las ventas empiezan a crecer y todo el mundo sale ganando.
Luego llega la realidad y esta siempre es más dura de lo que esos informes nos pintan de entrada. Kimberly-Clark estima alrededor de 2.100 millones de dólares de sinergias recurrentes. La cifra es enorme y, si realmente se consigue, cambia de manera sustancial la rentabilidad de la adquisición.
Sin incluir esas sinergias, el precio pagado por Kenvue parece bastante exigente. Incorporándolas, el múltiplo efectivo se reduce hasta niveles mucho más razonables.
Por eso buena parte de la tesis futura de Kimberly-Clark depende de algo bastante sencillo de escribir y bastante complicado de hacer: integrar bien Kenvue. Porque una cosa es juntar dos columnas en Excel y otra juntar dos compañías gigantes.
Hay que integrar fábricas, sistemas, departamentos, redes comerciales, compras, logística, estructuras directivas y culturas corporativas. Y todo eso mientras intentas que las marcas sigan vendiendo y que los clientes apenas noten que media empresa está en obras. No es imposible, pero tampoco podemos verlo como algo trivial.
Además de marcas estupendas, Kenvue trae alrededor de 8.500 millones de dólares de deuda.
Kimberly-Clark tendrá además que financiar parte de la contraprestación en efectivo de la adquisición, así que el grupo combinado va a terminar con un balance bastante más exigente que el de KMB actualmente. Eso, por sí solo, no convierte la operación en mala.
Una empresa defensiva y con generación recurrente de caja puede permitirse niveles de deuda que serían mucho más preocupantes en un negocio cíclico. El problema es que ahora tendremos que vigilar simultáneamente el CapEx de Kimberly-Clark, la cobertura del dividendo, la deuda de Kenvue y la ejecución de las sinergias.
Y por si faltaba algo, también tenemos Tylenol. En Estados Unidos se han reactivado cientos de demandas relacionadas con supuestos vínculos entre el uso de acetaminofén durante el embarazo y determinadas afecciones neurológicas.
Que existan las demandas no significa que exista causalidad. Son cosas diferentes, pero al accionista le importa otra pregunta: ¿cuánto puede costar?
Porque los riesgos legales tienen esa maravillosa capacidad de ser irrelevantes durante años y convertirse de repente en una línea de varios miles de millones… o al contrario, una espada de Damocles que pesa en cada comunicado que mágicamente se resuelve por un acuerdo privado o por la acción de la justicia.
No creo que sea razonable construir toda la tesis bajista alrededor de Tylenol, pero tampoco me parece serio fingir que ese riesgo no existe. Kimberly-Clark está comprando las marcas de Kenvue y de paso también está comprando sus problemas.
Es como el novio guapo pero que le huelen los pies. Tienes que ver todo antes de decidir si los “defectos” son compensado con las virtudes.
El otro problema que estamos viendo a corto plazo está en China. Kimberly-Clark sufrió allí una campaña en redes sociales con acusaciones relacionadas con sus pañales. Posteriormente esas acusaciones fueron refutadas por análisis independientes, pero el daño reputacional ya estaba hecho.
Y aquí aparece uno de esos fenómenos que los mercados entienden bastante bien: destruir confianza lleva unas horas; recuperarla puede llevar meses.
La compañía calcula que el problema podría restar aproximadamente un punto porcentual al crecimiento de 2026.
Para una empresa que ya crece alrededor del 1%, perder un punto no es precisamente una anécdota.
La parte interesante es que puede funcionar también en sentido contrario. Si la situación empieza a normalizarse durante los próximos trimestres, Kimberly-Clark tendría comparables mucho más sencillos y podría recuperar parte del crecimiento perdido. Por eso China es ahora mismo una de las variables que más vigilaría, en especial por el consumo retenido que no debería afectar a este tipo de productos, pero algo siempre pesa. No porque crea que vaya a cambiar toda la tesis de inversión, sino porque puede marcar bastante la percepción del mercado durante los próximos resultados.
Aquí es donde la cosa se pone divertida. Tengo dos modelos de valoración para Kimberly-Clark, especialmente por el peso que tiene el dividendo en esta operación, y básicamente, uno me dice que compre y el otro que “ni con un palo”.
El primero es el modelo de Geraldine Weiss, basado en la rentabilidad histórica por dividendo. Con KMB alrededor de 107 dólares y un yield aproximado del 4,72%, la acción está entrando prácticamente en zona de compra fuerte respecto a sus propios niveles históricos.
Desde esa perspectiva, Kimberly-Clark está barata, y mucho.
Pero cuando utilizamos Gordon, el resultado cambia.
Si parto de un bono alrededor del 4,63% y añado una prima de riesgo del 4,5%, estoy exigiendo aproximadamente un 9,13% de rentabilidad. Con un crecimiento estimado del dividendo alrededor del 3,56%, el modelo de Gordon me da un valor próximo a los 94,45 dólares. Encima, si utilizo un modelo de dos fases algo más conservador, me voy incluso hacia los 82 dólares.
El negocio, es el mismo; el dividendo igual pero cada modelo me da unas conclusiones completamente distintas que no deja una solución única. Jejejeje, bienvenidos a los mercados.
Geraldine Weiss está comparando Kimberly-Clark con su propia historia.
Gordon la está comparando con el coste actual del dinero.
Y hoy tenemos un problema que durante buena parte de la última década prácticamente no existía: el bono vuelve a competir con las acciones de dividendo.
Kimberly-Clark ofrece aproximadamente un 4,72%. El bono que utilizo como referencia está alrededor del 4,63%. La diferencia en renta corriente es mínima.
Por supuesto que una acción y un bono no son lo mismo. Kimberly-Clark puede aumentar su dividendo, puede crecer y su cotización puede apreciarse con el tiempo.
Pero precisamente por eso debemos exigirle más. Por esos pocos puntos adicionales estamos asumiendo riesgo operativo, bolsa, China, Kenvue, integración, deuda y litigios. El mercado tiene una peculiar costumbre de recordarnos esas diferencias justo cuando ya las habíamos olvidado… como llevo diciendo un tiempo “Back to basics”
Por eso el Gordon me parece especialmente útil ahora. No porque crea que 94,45 dólares sea una cifra sagrada, sino porque nos recuerda que cuando el activo sin riesgo paga más del 4%, comprar una empresa por un 4,7% de dividendo exige que el resto de la historia sea bastante convincente. Igual que lo veo yo, lo ven muchos analistas y por eso el precio de sus acciones no comienza a despegar.
A unos 107 dólares, Kimberly-Clark me parece interesante, para observarla, aunque aun estaría lejos de decir que es una ganga.
Hay cosas que me gustan bastante: la mejora de márgenes, la posibilidad de normalización del CapEx, la calidad de las marcas, el potencial de Kenvue y un dividendo que empieza a situarse en niveles atractivos, pese el valor del bono. De todos modos tenemos demasiadas variables abiertas como para fingir que el riesgo ha desaparecido sólo porque la acción haya caído.
Entre 94 y 100 dólares, personalmente empezaría a encontrar una asimetría bastante más interesante. El yield superaría el 5%, el modelo de Gordon empezaría a cuadrar mejor y, sobre todo, estaríamos obteniendo algo más de margen de seguridad frente a los posibles problemas de integración, algo que veremos en los próximos trimestres a medida que los “earnings call” se vayan sucediendo.
Y si el mercado nos regalase una caída hacia 82–90 dólares, siempre que no viniese acompañada de un deterioro estructural serio, ahí sí creo que tendríamos una situación especialmente atractiva para estudiar. La diferencia es importante, ya que una acción puede estar barata respecto a su historia y seguir sin estar barata respecto al riesgo que estamos asumiendo hoy.
Y creo que ése es exactamente el caso de Kimberly-Clark.
En los próximos resultados, están previstos para el 29 de octubre, no me obsesionaría demasiado con que los ingresos crezcan un 0,3% arriba o abajo. Hay variables bastante más relevantes.
Quiero comprobar si la mejora de márgenes continúa cuando desaparezcan algunos efectos extraordinarios. Quiero ver si el CapEx alcanza techo y empieza a normalizarse. Quiero ver más Free Cash Flow disponible después de dividendos. Y quiero saber si China empieza a recuperar volumen.
Pero, sobre todo, quiero ver cómo se ejecuta Kenvue.
La deuda, las sinergias y la integración van a pesar mucho más en mi valoración de Kimberly-Clark durante los próximos dos años que unas décimas de crecimiento trimestral. Porque ésa es probablemente la gran diferencia respecto a la KMB de siempre. Dado que ya no estamos comprando únicamente pañales, pañuelos y dividendos, hemos pasado a comprar de rebote una transformación corporativa enorme.
Y si sale bien, los precios actuales podrían terminar pareciendo bastante razonables. Incluso buenos, pero si sale mal, descubriremos que una compañía aburrida puede complicarse la vida con la misma facilidad que cualquier otra.
Eso, por ahora, es precisamente lo que hace que merezca la pena seguirla.
Voy a seguir haciendo este tipo de análisis porque creo que hay bastante más valor en entender qué estamos comprando que en acumular gráficos con flechas verdes y rojas.
Si tienes alguna empresa en cartera, estás pensando en comprarla o simplemente hay alguna que te genera dudas, déjamela en comentarios. Intentaré escoger algunas de las que más se repitan y analizarlas con el mismo enfoque: negocio, riesgos, caja, valoración y, sobre todo, qué tendría que pasar para que la tesis salga bien o mal.
No prometo que terminemos comprándolas… pero en este camino este aprendizaje seguro ayudará.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y educativa y refleja únicamente mi análisis personal de Kimberly-Clark en el momento de publicarlo. No constituye una recomendación de compra, venta o mantenimiento de ningún valor, ni asesoramiento financiero, fiscal o de inversión personalizado.
Las cifras, estimaciones y modelos de valoración utilizados dependen de supuestos que pueden cambiar y, como cualquier análisis, pueden contener errores o quedarse obsoletos. Una buena empresa puede ser una mala inversión si se paga demasiado por ella y una acción aparentemente barata puede seguir cayendo.
Antes de invertir, revisa las cuentas de la compañía, entiende los riesgos, contrasta la información y decide si la inversión encaja con tu situación financiera, horizonte temporal y tolerancia al riesgo.
Y si vas a comprar simplemente porque alguien en internet ha dicho que algo “está barato”, por lo menos que ese alguien no sea yo.
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Sí algo me ha enseñado la experiencia, pero en especial hablar con los miembros de la comunidad de los #CazadoresDelProfit, es que detectar una Letanía limpia es solo la mitad del trabajo.
La otra mitad, es la que más separa a los que sobreviven de los que se queman. Esa mitad en la que hay que es saber gestionar la operación una vez que has entrado. Porque puedes tener el setup perfecto… y aún así estropearlo todo con un stop mal puesto, una salida prematura o quedarte mirando cómo se evapora la plusvalía. Vamos a ver cómo gestionamos la Letanía de forma práctica.
En la Letanía la orden de stop se coloca debajo del último mínimo relevante de la fase de compresión. Es decir, debajo del suelo más bajo que hizo el precio mientras estaba comprimido y el SQZMOM_LB estaba en squeeze.
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Por qué ahí:
Es un nivel lógico. Si el precio lo pierde, la estructura de la Letanía se ha roto.
Suele permitir un riesgo controlado y un buen ratio riesgo-recompensa.
Evita poner el stop “a ojo” o demasiado lejos por miedo.
Es más, si ves que está mas lejos de lo que te puedes permitir perder (ya sea económico o emocional), NO ENTRES
Regla práctica:
No lo pongas justo en el mínimo. Déjale un pequeño margen (unos pocos dólares o un porcentaje pequeño según el activo) para que no te saque por ruido esa posición que van a cazar por acumulación.
Una vez que el precio avanza a favor, tenemos tres herramientas principales:
A. Mover a break-even
Cuando el precio ha recorrido aproximadamente la misma distancia que arriesgamos (1R), muchos preferimos subir el stop al precio de entrada.
Así la operación ya no puede convertirse en pérdida. Sí opero en un lugar sin comisiones como Quantfury, puedo ser más atrevido con ese “break-even” ya que no tengo que estar contando estas comisiones.
B. Trailing stop
A medida que el precio sigue subiendo, vamos subiendo el stop debajo de los nuevos mínimos relevantes o usando una media (por ejemplo la EMA 25) como referencia dinámica. Una forma que me gusta usar en activos “tendenciales”, es dejar 3 velas diarias verdes consecutivas de diferencia. Me permite seguir el trade “de lejos” sobre todo para operaciones largas, de varios meses.
La idea es proteger beneficios sin asfixiar el movimiento demasiado pronto.
C. Salidas parciales
Una forma muy sana de gestionar es:
Cerrar una parte de la posición cuando el precio alcanza 1,5R o 2R.
Dejar correr el resto con trailing stop.
D. Usar indicadores o estrategias específicas. Algunas estrategias de entrada ya tienen implícitas una estrategia de salida total o parcial. En esta comunidad vimos el SSL Channel + ATR(5) para darle entrada y salida, pero hay otras estrategias usando MACD en semanal u otras combinaciones de indicadores.
Esto te permite asegurar beneficios y, al mismo tiempo, no quedarte fuera si el movimiento se alarga.
Salimos completamente en estas situaciones:
El precio alcanza una zona de volumen importante anterior (resistencia lógica).
El ADX empieza a perder fuerza de forma clara y el precio se debilita.
Se produce una ruptura en contra de la estructura (pierde un mínimo relevante reciente).
Vemos estructuras de volumen “secante” que nos da dudas de la continuación del movimiento.
El SQZMOM_LB vuelve a entrar en una compresión fuerte en contra de nuestra dirección.
No hay una regla mágica de “siempre salgo en X%”. Los Cazadores del Profit, preferimos que el propio precio nos diga cuándo el movimiento está perdiendo fuerza.
Las falsas rupturas existen, no se puede negar. Si el precio rompe el nivel de volumen, entras… y al poco tiempo vuelve dentro de la consolidación y pierde el mínimo de la compresión:
El stop debería saltar.
Aceptas la pérdida pequeña.
No intentas “recuperarla” entrando otra vez sin una nueva Letanía clara.
Una de las ventajas de esta estrategia es que el stop suele estar relativamente cerca, así que las pérdidas, cuando llegan, no suelen ser grandes. Mídele a tu tamaño de operación para que esa perdida no suponga un problema.
A veces el precio rompe, entra volumen… y luego se queda quieto otra vez. En estos casos:
Si el stop no se ha tocado y la estructura sigue intacta, podemos mantener.
Si el precio empieza a hacer mínimos más bajos o el volumen desaparece por completo, es mejor reducir o salir.
No conviertas una operación de swing en una de “esperar y rezar” o “holder por obligación”
En la Letanía buscamos, como mínimo, un ratio 1:2.
Es decir, arriesgar 1 para intentar ganar al menos 2. Muchas operaciones buenas dan más (1:3 o superior) cuando el movimiento se desarrolla bien y usamos trailing o una estrategia de seguimiento de precio y sabemos dejar correr las ganancias pueden ser incluso más
Pero el mínimo que aceptamos al entrar es 1:2.
Puedes copiar este tabla para tenerla presente y junto con lo visto en el la parte tres de esta serie de letanía, tener una checklist sencilla para ejecutar.
La Letanía no se trata sólo de entrar bien. Se trata de no estropear una buena entrada con una mala gestión. En la ultima parte (Parte 5) hablaremos de los errores más comunes que se cometen con esta estrategia, de la parte psicológica de tener que esperar, y de cómo practicarla de forma efectiva si estás empezando.
Si te está resultando útil este enfoque, suscríbete para no perderte la siguiente entrega.¿Cuál es el error de gestión que más te ha costado dinero hasta ahora? Cuéntamelo en los comentarios. Aprendemos entre todos.
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Los futuros del S&P 500 arrancan el lunes con un avance del 0,1% y los del Nasdaq suben 0,5%, suficiente para que todos hablen de “rebote técnico”, aunque la dirección real de la sesión dependerá de si el mercado decide seguir digiriendo el decepcionante dato de ventas minoristas del viernes o simplemente pasarlo por alto hasta que llegue algo más grande.
Ese dato de ventas débil del viernes fue el detonante que arrastró la semana: los analistas recortaron la probabilidad de otra subida de la Fed en septiembre desde el 50% hasta el 30%, el dólar entró en modo defensivo y el mercado de bonos encajó el movimiento con cierta calma, con el yield del 10 años bajando apenas 1 punto básico hasta 4,686%, aunque el bono a 30 años marcó su nivel más alto desde 2007. Piénsalo 2007… creo que esto dice bastante sobre dónde está el verdadero nervio del mercado.
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La agenda macro de los próximos días no ofrece grandes municiones propias, porque no hay datos relevantes de EEUU esta semana, pero los earnings de las grandes cadenas de reatail serán el verdadero termómetro del consumidor americano; ya saben que el indicador Wallmart dice más que estadísticas sesudas mas complejas. Además “tenemos” Jackson Hole la semana siguiente; el evento que todo el mundo tiene marcado en rojo. Como dato bueno nos quedamos con el Indice Manufacturero de agosto salió en 20,60 frente a una estimación de 11,00, el dato más alto en cuatro años, aunque con señales claras de presión en cadenas de suministro: tiempos de entrega más largos, suministro que empeora y el índice de precios pagados al alza.
En EEUU el tono dominante esta mañana es el de un dólar a la baja contra todas las principales divisas, con el peso cayendo sobre el billete verde mientras el mercado sigue procesando el mensaje implícito del viernes: menos Fed hawkish de lo que se pensaba hace una semana. No hay movimientos de acciones individuales destacados en el contexto de apertura, aunque el sector tecnológico busca un rebote que, de momento, los futuros del Nasdaq respaldan modestamente.
Europa se movió con cambios leves, con los índices del continente prácticamente planos mientras los inversores mantienen un ojo en el Mediterráneo y el otro en las actas y declaraciones que vendrán de Jackson Hole. El EUR/USD tocó un máximo intradiario de 1,1615 y se estabilizó en torno a 1,1590, mientras la libra acompañaba el movimiento con un avance del 0,19% frente al dólar.
En Asia la jornada transcurrió sin grandes convulsiones, con China aportando datos que confirmaron lo que ya se sospechaba: las ventas minoristas de julio decepcionaron, la producción industrial se desaceleró y los precios de la vivienda nueva extendieron su caída, todo ello atribuido oficialmente a las condiciones meteorológicas extremas de julio, que es la explicación oficial favorita cuando los datos no acompañan (vamos, como el cambio climático para culpar de los incendios). El USDJPY se mantiene prácticamente inmóvil en 159,20, síntoma de que el yen tampoco tiene un catalizador claro a la espera de las próximas decisiones del BoJ.
El WTI cotiza en 83,02 dólares, con el ruido geopolítico de fondo como único motor real: Irán ha fijado un plazo de “pocas semanas” para la implementación del memorando de entendimiento, al tiempo que reafirma que las negociaciones formales con EEUU no han comenzado todavía. El oro avanza 0,6% hasta 4.402 dólares, moviéndose en línea con el tono general de debilidad del dólar más que con una huida hacia activos refugio frente a unas expectativas Fed que se van moderando.
La semana se juega en dos frentes: la credibilidad del consumidor americano, que los earnings de las cadenas de retail pondrán a prueba en los próximos días, y la temperatura del mercado de bonos, donde el 30 años marcando máximos desde 2007 es una señal que no debería quedarse algo anecdótico. El tono es de cautela contenida, no de pánico, pero el mercado opera con márgenes de error estrechos cuando la curva 10Y-2Y está en 0,51 y el CPI sigue en 3,54%.
Con el SPI en expansión tardía a 123,7 grados, los sectores que históricamente aguantan mejor esta fase son financieros, industriales y materiales: exactamente los que necesitan que la economía siga creciendo lo suficiente sin que la inflación obligue a la Fed a dar otro paso que nadie quiere.
Market Tracker · SPI Sector Pulse Investing · Datos: Yahoo Finance + FRED
El Excel completo con todos los activos está disponible en el canal de Discord.
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Los futuros de Wall Street entran al viernes con avance mínimo, sin fuerza ni convicción pero tampoco con prisa por vender: el mercado lleva semanas practicando el arte de subir en silencio y hoy viernes no parece dispuesto a romper el hábito.
La sesión del jueves dejó otro récord en el S&P 500, lo que a estas alturas ya suena casi algo rutinario. El dato que arrancó el viernes con fuerza fue las ventas retail de julio: -0,6% frente al +0,1% esperado, el peor mes para el grupo de control desde septiembre de 2025, con automóviles cayendo 1,8% y ventas no presenciales hundidas un 2,2%. Algunos analista apuntan a lo importante del dato que incluye el Prime Day de julio incluida. Al final, es un dato aislado que no hace tendencia, pero sí nos va dejando ruido de fondo.
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La agenda macro para los próximos días es bastante tranquila después de una semana cargada, lo que deja más espacio para que el mercado digiera lo que ya tiene: la caída del consumo de julio, las actas de la Fed si las hubiera, y cualquier señal adicional desde el frente geopolítico. El evento de fondo que gana peso es el Banco de Japón: Reuters recoge que los mercados ya descuentan cerca de un 80% de probabilidad de subida en la reunión del 17-18 de septiembre incluso con rumores de que el ritmo de endurecimiento podría acelerarse más allá del habitual dos veces al año. Aquí tenemos que poner el foco y más hoy que veremos como la liquidez tienen amenazas y esto suma.
En renta variable estadounidense el tono sigue siendo constructivo pero con grietas visibles. El S&P 500 cerró en récord ayer y los futuros aguantan, pero vemos que la selectividad empieza a importar: los riesgos del petróleo elevado y una reacción defensiva en earnings recientes complican el argumento de comprar cualquier cosa con siglas de IA. Hablando de IA, OpenAI ya supera los 40.000 millones de dólares de ingresos anualizados con la vista puesta en una eventual salida a bolsa, dato que alimenta el relato pero no necesariamente la valoración.
Europa cerró la sesión sin grandes movimientos, con los índices apenas cambiados. El EUR/USD subió 0,35% hasta 1,1567 probando de nuevo la media de 100 días, y el dato de PIB del segundo trimestre de la eurozona confirmó el +0,4% trimestral de la estimación preliminar, sin sorpresa. Suiza, al margen, reportó un crecimiento estimado del 1,5% en el segundo trimestre, y la inflación francesa aceleró en julio con el componente subyacente al alza, lo que añade presión al BCE antes de que nadie lo pida en voz alta, pero el camino de más subidas de tipos en Europa no parece un escenario tan lejano.
Asia operó con el BOJ como protagonista absoluto. El yen subió 0,22% frente al dólar llevando al USDJPY hacia el entorno de 159,00, aunque los estrategas recuerdan que las subidas de tipos japonesas tienen un techo estructural severo dado el coste del servicio de deuda y los tipos reales profundamente negativos. Los datos de China no ayudaron al optimismo regional: los nuevos préstamos bancarios en julio volvieron a contraerse, segunda vez en el año, señal de que la demanda crediticia interna sigue sin arrancar. En este caso estamos viendo algo distinto a otros lugares del mundo. El estado (por que ese es el sistema) está dando todo para que fluya el crédito, posibilidades y buen precio… y aun así no se arriesgan, señal más que clara de contracción.
El petróleo es el dato que más cuesta ignorar: el WTI cotiza en 81,64 dólares, un 0,5% al alza en la sesión, y acumula más de un 5% de ganancia semanal con el Estrecho de Ormuz en un cierre que podríamos decir “de facto” después de que Irán volviera a amenazar embarcaciones, esta vez de Emiratos Árabes. El oro rebotó hasta 4.362 dólares tras tocar mínimos de sesión en 4.311, borrando las pérdidas iniciales aunque el sesgo técnico a corto plazo sigue siendo neutral después de perder la media horaria de 100 períodos.
Lo que importa vigilar en las próximas horas no es tanto la agenda de datos como la arquitectura de riesgos que se está formando: un consumidor americano que en julio dejó de gastar según lo previsto, un petróleo que no baja y que encadena una semana excepcional, y un yen que sube por razones que el propio mercado no termina de creer del todo. El dólar cae frente a todas las divisas principales hoy, con el USDCAD tocando 1,3868 y perforando el 50% de Fibonacci del tramo junio-mayo; eso dice algo sobre hacia dónde fluye el riesgo. Aunque ya sabes, parte de las valoraciones y niveles de precios del S&P500 se están impulsando en el contravalor, el dolar que sigue en una etapa débil.
Con el ciclo SPI en 124,3 grados de Expansión Tardía, los sectores que el modelo pondera, financiero, industrial y materiales, siguen siendo los que mejor cuadran con un entorno donde los tipos son altos, el crecimiento aguanta y la inflación no empeiza a ceder.
Última foto disponible: SOFR y ON RRP al 13 de agosto de 2026; reservas y TGA semanal al 12 de agosto. La semana vuelve a deteriorarse por el balance: TGA sube con fuerza y las reservas caen por debajo del umbral de US$2.95T. El funding, sin embargo, mejora ligeramente.SOFR cerró el 13 de agosto en 3.62%, tres puntos básicos por debajo del jueves anterior, mientras el ON RRP award rate permanece en 3.50%. El spread SOFR–RRP baja así de 15 a 12 pb: una mejora clara en el precio del funding y, de momento, sin señales de dislocación en repo.
El problema lo tenemos en otro sitio. Las reservas bancarias caen desde US$2.993T hasta US$2.944T, una pérdida semanal de unos US$49.3B, y perforan por primera vez en esta secuencia reciente nuestro umbral de US$2.95T. Al mismo tiempo, el TGA sube de US$907.3B a US$963.95B, unos US$56.6B adicionales estacionados en la cuenta del Tesoro. La correspondencia vuelve a ser bastante limpia: el Tesoro acumula caja y el sistema pierde reservas.
Además, el ON RRP cae a apenas US$450M. Es irrelevante como amortiguador: frente al umbral de US$100B que venimos utilizando, está completamente agotado. Por eso, cada dólar adicional que el Tesoro absorbe mediante emisión tiene mucha más probabilidad de competir directamente con reservas bancarias y cash privado que hace dos años.
El Tesoro acaba de confirmar que mantendrá los actuales tamaños de las subastas de bills durante las próximas semanas, contempla incluso un CMB corto a finales de agosto y solo espera reducir temporalmente las emisiones cortas durante septiembre por la entrada de impuestos. En octubre volvería a incrementarlas con un objetivo de US$950B de TGA a final de septiembre y admite un posible pico de US$1.05T ± US$50B en octubre.
Eso hace especialmente relevante el dato actual de US$963.95B: el TGA ya está por encima del objetivo de cierre de septiembre, mientras las reservas acaban de caer bajo US$2.95T. El Tesoro estima además US$739B de endeudamiento neto negociable privado para julio-septiembre, por lo que la presión de absorción de cash no desaparece e incluso anticipamos un drenaje aun mayor de liquidez si se quiere llegar a los objetivos.
🟠 Medio-alto, acercándose a alto.
Pues tengo que subir un grado la vigilancia esta semana. Por primera vez coinciden claramente:
TGA > US$950B + reservas < US$2.95T + ON RRP prácticamente en cero.
La razón por la que todavía no lo considero rojo es importante: SOFR mejora, el spread cae a 12 pb y el SRF no muestra demanda material. Es decir, la cantidad de liquidez se está deteriorando, pero el sistema todavía funciona correctamente. Pero visto lo visto y si no hay cambios entre septiembre y octubre es muy factible que veamos el riesgo de liquidez de nuevo en alto.
Para renta variable y Bitcoin, la lectura es menos favorable que hace una semana. El mercado puede seguir subiendo, pero ya no cuenta con un viento de cola de liquidez doméstica: necesita entradas privadas, resultados y narrativa para compensar el drenaje fiscal. Eso aumenta la fragilidad de los rallies y la sensibilidad ante cualquier catalizador negativo.
Para bonos y money markets, la siguiente prueba es muy clara: comprobar si el mercado sigue absorbiendo la elevada oferta de bills sin que SOFR vuelva a separarse del RRP. Si las reservas siguen cayendo y el spread vuelve por encima de 15–20 pb, la señal pasaría de simplemente incómoda a realmente preocupante.
Con la analogía de la hoguera que tanto ha gustado, esta semana el Tesoro ha vuelto a sacar brasas de la hoguera. Lo curioso es que el humo todavía no molesta: el funding incluso mejora. Pero con las reservas ya por debajo de US$2.95T y el viejo colchón del RRP prácticamente desaparecido, queda bastante menos madera entre el fuego y el suelo.
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