Arrancamos semana con una sesión que no promete por el momento tenga grandes emociones, lo cual tiene su propia lógica: cuando el mercado abre el lunes sin un catalizador externo claro, los números macro son los que mandan la narrativa. Y los números dicen algo concreto: el GDP en 1,50% anualizado no son números de recesión, pero no soporta el crecimiento que justifica las valoraciones que el mercado lleva meses sosteniendo con una mezcla de inercia y esperanza.
El CPI en 3,73% sigue por encima del objetivo del 2% con una comodidad que ya resulta casi ofensiva, y la Fed Funds en 3,63% deja un diferencial real positivo que técnicamente aprieta, pero no lo suficiente como para que nadie declare una emergencia. El resultado es ese limbo incómodo donde la economía no se rompe, la inflación no cede del todo, y los bancos centrales pueden seguir fingiendo que la situación está bajo control. Si a todo esto le sumamos sesiones flojas por con bajo volumen y más mirada a los cierres y aperturas por las “earnings calls” parece que anuncia una semana que de momento suena tranquila.
Lo más revelador de este momento está en la curva. El diferencial 10Y-2Y en 0,46 puntos es la primera inclinación sostenida que vemos después de meses de inversión, y eso históricamente no es una señal trivial: cuando la curva vuelve a empinarse desde zona negativa, suele ser porque el mercado empieza a descontar que los tipos cortos bajarán antes de que los largos suban demasiado, o porque hay algo en el horizonte que el consenso todavía no ha procesado del todo. Con el bono a 10 años rindiendo 4,69%, el coste de financiación sigue siendo un argumento real contra las valoraciones en renta variable, especialmente en sectores de larga duración. El crédito lo nota, el real estate lo nota, y cualquier compañía que haya construido su historia sobre deuda barata lo está notando en silencio.
La agenda macro de esta semana merece atención. Los datos de inflación que se publiquen en Europa marcarán si el BCE tiene margen para continuar su ciclo de bajadas o si, como viene siendo habitual, tendrá que elegir entre combatir la inflación y no ahogar una economía que ya respira con dificultad. El diferencial de crecimiento entre Estados Unidos y la zona euro no se ha cerrado, y eso tiene consecuencias directas en el euro-dólar y en los flujos hacia renta fija soberana europea, donde el Bund alemán sigue ejerciendo de refugio con la disciplina espartana que lo caracteriza.
En Asia, los datos de exportaciones chinas que se esperan esta semana son otro punto de tensión: cualquier lectura débil alimenta el debate sobre si la demanda interna china puede realmente compensar la presión exterior, debate que lleva abierto demasiado tiempo y que no terminamos de resolver. Ya casi con lecturas más propias de fanáticos (pro y antichina) que de la data real.
El promedio Nikkei subió un 2,1 por ciento hasta los 66.970,22, alcanzando su nivel más alto en casi cuatro semanas. Las acciones de Seúl subieron notablemente para romper una racha de dos días de pérdidas ante el desvanecimiento de las apuestas a favor de una subida de tipos por parte de la Reserva Federal. El índice Kospi avanzó un 0,7 por ciento hasta los 6.299,66.
En el mercado de divisas, el dólar estadounidense se cotiza a 158,85 yenes frente a los 157,78 yenes que alcanzó al cierre de la sesión del viernes en Nueva York. Frente al euro, el dólar se cotiza a 1,1546 dólares, en comparación con los 1,1558 dólares del viernes pasado.
Como pasa algunos lunes, los commodities entran hoy en escena con su propia incertidumbre. El petróleo sigue atrapado entre una demanda global que no termina de acelerarse y una geopolítica que de vez en cuando recuerda que puede interferir sin previo aviso. El oro, por su parte, mantiene su doble atractivo de siempre: activo refugio cuando el mundo se complica, y cobertura implícita contra una Fed que ha demostrado sobradamente que su relación con los datos tiene bastante de selectiva. La expansión tardía del ciclo en la que nos encontramos, con el indicador SPI en 125,7 grados, favorece históricamente sectores como financiero, industrial y materiales, aunque en un entorno de tipos todavía elevados y crecimiento moderado, esa rotación no llega de golpe ni en línea recta.
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